Campaña Ambiental Pagana 2014

[Traducciones] Zula Karuhimbi, la bruja que salvó cientos de vidas

La práctica totalidad de las noticias que nos llegan relacionadas con la brujería africana consiste en notas rojas y nos habla, o bien de personas asesinadas ser convertidas en ingredientes de recetas mágicas o bien de víctimas de la superstición popular y el miedo a (o ensañamiento con) lo diferente. La historia de Zula no pertenece a ninguno de los dos géneros, y aunque no deja de enmarcarse en un contexto de cruentas persecuciones, es también el retrato de un mundo tradicional en su mayor parte desconocido, que sobrevive con dignidad e independencia aunque no interese a los medios, y  a pesar de que el entorno parezca tener prisa por pasar página antes de tiempo.

Schindler's Witch
, por Sally Hayden, publicada el 24 de Junio de 2014
Imagen de Sally Hayden, pueden verse más en la publicación original.
Traducción de Vaelia, para Ouróboros Webring.





Veinte años después del genocidio de Ruanda, el país aún está recuperándose de lo ocurrido durante ese periodo de extrema violencia. Los perpetradores aún están siendo llevados a la justicia, y sigen surgiendo historias heroicas. Una de esas historias es la de Zula Karuhimbi, una mujer que algunos ruandeses aseguran que salvó a más de 100 personas gracias a la "brujería".

Después de saber que vivía en Ruhango District, conducimos desde Kigali para encontrarla. En el camino, nos detuvimos en un restaurante de carretera, donde contamos al camarero que estábamos buscando a la "bruja" que había salvado vidas durante el genocidio. "¿La bruja que fue honrada por el gobierno?" preguntó un cliente. "Sé dónde vive. Os llevaré hasta allí".  

Nos llevó a Musamo Village, donde dejamos el coche y seguimos a pie a través de arbustos que nos llegaban a la cintura. Entrando en un cercado, encontramos a Karuhimbi dormida en una estera fuera de una pequeña casa. Estaba abrazando a un niño pequeño que, como descubrimos más tarde, se trataba de un huérfano que recientemente había adoptado. 

Se veía arrugada y frágil mientras dormía, pero ella saltó atenta cuando le dijimos que habíamos venido a escuchar su historia. "Sí," confirmó: "Yo soy la Zula que escondió tutsis." Señalando al suelo, dijo: "Los puse aquí en el recinto y los cubrí con hojas secas y cestos." 100 tutsis, 50 hutus, 2 Twas, y 3 hombres blancos se habían refugiado en y alrededor de su pequeña casa de dos habitaciones durante el genocidio de tres meses en 1994.

“Escondí  a tantos que no recuerdo algunos de sus nombres. Escondí bebés que había encontrado en las espaldas de sus madres muertas, y los traje aquí".

Según The New Times, cuando las milicias rodearon su cercado, Karuhimbi cubrió sus manos con yerbas que causan irritación de piel. Ella tocó a los asesinos –  que se amedrentaron al pensar que los estaba maldiciendo - y luego se retiró al interior de su casa. Tomó lo primero que tuvo a mano y lo golpeó, advirtiendo que era el sonido de los espíritus enojándose. “ Escondí a la gente en serio. Preparé algo de magia y cuando los asesinos vinieron, les dije que los mataría. Les dije que ningún Tutsi había llegado a mi casa - que nadie viene a mi casa - pero durante todo el tiempo todos ellos permanecieron allí dentro".  

Karuhimbi creció en una familia de sanadores tradicionales. Su targeta de identidad indica que nació en 1925, lo que significa que tenía 5 o 6 años cuando la administración belga destituyó al rey de Ruanda,  Rwandan King Yuhi Musinga, quien había estado en el poder durante 35 años, en parte debido a su negativa a ser bautizado como católico. Durante ese perioso,  dijo Karuhimbi, su madre normalmente había escondido a personas, y ella era la responsable de llevarles la comida.  “Si mencionaba algo al respecto, mi madre me golpeaba, y una vez deslizó una hoja de una planta urticante sobre mis labios y me dijo, "Si dices algo te mataré"”

Cuando Karuhimbi  tenía ocho años, los belgas llevaron a cabo un censo por todo el país para emitir targetas de identidad "étnicas", clasificando cada ruandés según si era Hutu (85%), Tutsi (14%), o Twa (1%). A esto siguió un sistema similar al Apartheid. Se sió a los Tutsis el monopolio de la política y los trabajos administrativos, mientras que muchos Hutus fueron condenados a trabajos forzados, según el libro We Wish to Inform You That Tomorrow We Will Be Killed  with Our Families.

Esta clasificación fomentó división y tribalismo. En marzo de 1957,  nueve intelectuales Hutu publicaron El Manifesto Hutu, que afirmaba que Ruanda era un país de mayoría Hutu y había llegado el momento de la "democratización". Dos años más tarde, un grupo de Tutsis golpeó al político Hutu Dominique Mbonyumutwa, lo que desató ataques de represalia que llevaron a la muerte a 20.000 víctimas.

Durante ese tiempo, Karuhimbi dijo, había salvado la vida del actual presedente de Ruanda, Paul Kagame, quien había nacido en un pueblo cercano y tenía dos años cuando la violencia se desencadenó. "Tomé las cuentas de mi collar y le dije a su madre que las atara a sus cabellos. Le dije que cargara a su hijo y que no lo dejara en el suelo, así la milicia pensaría que era una niña cuando lo viera, porque en ese momento sólo mataban a los niños". " Le dije que se lo llevara lejos, y luego me arrodillé y oré, diciendo que si Dios lo ayudaba él volvería y trabajaría por nosotros y sería el heredero de Ruanda." Kagame se convirtió en el comandante del Rwandan Patriotic Front, el ejército cuya victoria puso fin al genocidio.

Desde que el conflicto terminó, Ruanda ha experimentado un incremento significativo de crecimiento y desarrollo. Aunque esto ha aumentado el nivel de vida de muchos ruandeses, el proceso ha venido acompañado de un alejamiento de las formas tradicionales. Karuhimbi dijo que ella podía elaborar pociones para curar la fealdad o el desempleo. Frente a sus casa, las hierbas se secan al sol. Su cama tiene un suelo de piedra, y hay restos de una hoguera en una esquina. Invitándonos a pasar, buscó un polvo amarillo  bajo el colchón y nos animó a esnifarlo porque arreglaría nuestros "problemas de cabeza".  Luego esnifó un poco ella misma, tosió y escupió en el suelo.  

Pasando cenizas por un tamiz, me dijoq ue la mezcla me protegería tanto de las picaduras de mosquito como de las pecas. Lo vació en un sobre,  que más tarde pude filtrar fácilmente por la aduana.

Hace 20 años, 40 Tutsis  se escondieron en esta pequeña habitación – 20 bajo la cama, y 20 bajo un falso techo. La ventana diminuta deja pasar sólo un rayo de luz, y sin electricidad - ni antes ni ahora- me cuesta imaginar los habitantes yaciendo side by side durante al menos 100 días, soportando noches oscurísimas con una pequeña esperanza de salvación.

En la actualidad Karuhimbi prepara sis pociones en esta habitación, pero cada vez menos locales aceptan su arte. La medicina tradicional está siendo rechazada en Ruanda, donde se ve como un atraso, y en ocasiones incluso como algo satánico. La nieta de Karuhimbicuida de ella ocasionalmente, pero Karuhimbi nos contó con tristeza que su siena no acepta la medicina que ella intenta darle para sus dolores de estómago, porque es una "cristiana salvada".

Aunque los brebajes de Karuhimbi se estén volviendo redundantes, muchos ruandeses aún creen en la brujería. (Algunas personas consideran a las mujeres como Karuhimbi brujas, mientras que otras las consideran sanadoras.) Durante el Domingo de Pascua en la Iglesia de Kigali Kimironko, el sacerdote predicó sobre la amenaza de las brujas: " Hay muchas brujas en el mundo. Cuando quieres matarlas no puedes. Se mueven por todas partes.”

Pero tal vez el estino no convencional de vida de Karuhimbi fue lo que le permitió salvar vidas.

El genocidio de Ruanda fue uno de los más fratricidas, uno de los más impactantes asesinatos en masa de la historia moderna. Vecinos, compañeros y amigos mataron a 800,000 Tutsis y Hutus moderados, ocasionalmente con armas de fuego, pero sobre todo con los mismos machetes que utilizaban para el cultivo diario..

Al principio, la violencia fue metódica y rápida. Los focos de resistencia fueron prácticamente inexistentes - algoq ue ha sorprendido a cualquiera que ha intentado encontrar un sentido a lo que sucedió tras los hechos. No fue una guerra; fue un exterminio.

En un momento de tumultos, las acciones de Karuhimbi son destacables.

Ella dijo que actuó desinteresadamente porque todos los humanos han nacido de Kimanuka (ver nota final),  una deidad tradicional, y por lo tanto era el único comportamiento que tenía sentido para ella. “Estos hombres blancos que ves, nacieron de nosotros. Somos un único pueblo.” Dijo estar segura de esto porque en la antiguedad, si caía un trueno mientras una ruandesa estaba dando a luz, su hijo nacía blanco. La misma unidad existe entre Hutus, Tutsis y Twas. “Somos uno. Nuestros ancestros y nuestras ancestros son los mismos para todos nosotros. Somos hermanos.”

20 años después, su casa aún conserva marcas de la guerra. Agujeros de bala salpican el muro frontal de la casa desde que el Interahamwe ("Asesinos") disparó contra él. “Cuando dispararon dije a todo el mundo que se tumbaran, así las balas pasaron por encima de ellos".  
“Ellos mataron a mi primogénito, mi hijo Hanganimana; y mi otra hija, Ugiriwabo, fue envenenada y murió. La gente se burló de mí, diciendo, 'Tu escondes gente, pero tus propios hijos han sido asesinados', y yo les respondí diciendo, 'Cada uno tiene su momento pra morir. Dios es el único que entiende porqué pasan estas cosas'.”

En un momento dado, sacó fotos de algunas de las personas a las que había salvado, que conserva entre sus posesiones más preciadas. Pocas de ellas vienen a visitarla, debido a erfermedades, olvido o muerte. Ella habla con nostalgia de uno de los niños en particular, Emmanuel,  que era un bebé cuando ella lo encontró.“ No sé dónde está ahora".

Karuhimbi ha sido elogiada en varias ocasiones por sus acciones. Según The New Times  en 2006 recibió la Medalla de la Campaña Contra el Genocidio. Cuando el presidente Kagame le entregó la distinción, ella le contó que había salvado su vida de pequeño. Ella dijo que él respondió afirmando: “Me gustaría que todas las brujas fueran como tú.”

En 2009, se plantó un árbol en su honor en el Jardín de los Justos en Padua, Italia. Ella fue trasladado allí para la ocasión, aunque ella ya no puede recordar el nombre del país que visitó.
 
A sus 89 años de edad Karuhimbi tiene una fe firme en el liderazgo actual del estado, pero cuando le preguntamos cómo se sentía acerca del futuro de la política de su país,  éste no fue su primer pensamiento. Esta diminuta pero serena mujer, que se ha mantenido fuerte a través de la destrucción, la muerte y la tragedia, dijo que sólo hay una cosa real que importa en la vida: "El amor es lo más importante. Encuentra a alguien para amar y el futuro siempre será brillante ".

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Notas de traduccion: 
Aunque en el artículo original es llamado "Kimanuka", probablemente se trata del dios "Kiwanuka", personoficación del rayo. Según el libro "African Mithology, A to Z", Kiwanuka es "El que desciende a gran velocidad", el dios del trueno y el rayo. Se le condidera un dios de la fertilidad, y las parejas que quieren tener un hijo oran a Kiwanuka.

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