Campaña Ambiental Pagana 2014

[Fragmentos] Ungüentos para volar





La teoría demonológica, un subgénero de la literatura fantástica que hasta finales del siglo XVII tuvo autoridad de normativa jurídica y estatuto de doctrina de seguridad represiva, describía el transporte real de los agentes satánicos al sabbat de esta manera: el Diablo convocaba a sus adeptos por medio de una llamada que formulaba el demonio familiar de la bruja. Éste, que normalmente tenía forma de un animal doméstico, un gato negro, que también podía ser perro, o bien sapo, rata, u otro animal, daba el aviso. Tan pronto como la bruja lo recibía, se desnudaba y untaba el cuerpo con un ungüento cuya base era la grasa humana –la tradición pretendía que de niño-, con una serie de ingredientes entre los cuales predominaban las plantas con efectos alucinógenos y narcóticos. Después de aplicada esa mezcla, las brujas podían salir volando por las chimeneas de sus casas, bien montadas en una escoba o en un animal doméstico.

            He aquí algunas fórmulas de los ungüentos para volar, obtenidas de diversos grimorios anónimos:

Receta 1:
Grasa de cerdo sin sal: 100 gramos.
Hachís: 5 gramos.
Raíz de eléboro pulverizada: 1 cucharilla.
Flor de cáñamo: 1 cucharilla.
Flor de amapola: 1 cucharilla.

Receta 2:
Grasa de cerdo sin sal: 100 gramos.
Hachís: 5 gramos.
Flor de cáñamo mezclada con flor de amapola hasta llenar el recipiente.
Semillas de girasol trituradas: una cucharilla.
Raíz de eléboro triturada: una pizca.

Receta 3:
Extracto de opio: 25 gramos.
Extracto de betel: 15 gramos.
Extracto de cincoenrama: 3 gramos.
Extracto de beleño negro: 7 gramos.
Extracto de belladona: 7 gramos.
Extracto de cicuta: 7 gramos.
Aceite de cáñamo indio: 100 gramos.
Glucosa: 3 gramos.
Grasa de cerdo o vegetal como excipiente.

            En los tres casos la preparación era muy similar: todo debía cocerse al baño maría en un recipiente tapado, durante aproximadamente unas dos horas. Después se retiraba del fuego y debía filtrarse antes de dejarlo enfriar. A causa de la fuerte toxicidad de las drogas empleadas, esta última fórmula puede matar a quien la emplee, sólo con que se pase un poco en la dosis que se aplique sobre su piel.
            
 Todas estas preparaciones tienen fuertes efectos alucinógenos al principio, y luego soporíferos. En la novela de la brujería satánica, la grasa de cerdo o vegetal se sustituye por grasa humana, claro está, e incluso de “niño sin bautizar”. La imaginación de los demonólogos, la población y los literatos solía agregar a esas simples mezclas de drogas con efectos psicotrópicos otros componentes espectaculares como extracto de sanguijuelas, corazón de zorro y gato, ojos de rata, alas de murciélago, hígado de serpiente, sangre de lobo, etc.
            Las investigaciones realizadas en el siglo XX indican que los profesionales de la medicina natural y de la hechicería disponían de unas quince recetas diferentes, cuya base solía ser el aceite vegetal o grasa animal como soporte, hollín o carbón vegetal en polvo, y luego raíz de mandrágora, belladona, beleño, manzana espinosa, que mezclaban con opio, hachís o aceite de cáñamo indio. La escopolamina, uno de los alcaloides que contiene estas plantas “mágicas”, produce la sensación de que en el cuerpo de quien la ha absorbido crecen pelos o plumas a gran velocidad. El acónito, combinado con la belladona, por ejemplo, además de inducir al delirio produce una sensación de vuelo, y cuando se lo mezcla con otras sustancias psicotrópicas, acaba sumiendo a quien se lo ha aplicado en un sueño hipnótico, a cuyo despertar el drogado tiene la convicción de haber estado volando de manera efectiva, de haber vivido una experiencia real, y no de haber soñado que volaba.
            Pero el empleo de esas drogas alucinógenas en la sociedad renacentista nada tenía que ver con el culto diabólico ni con la asistencia al sabbat: el llamado “ungüento de las brujas” servía para que lo consumieran los drogadictos de Europa occidental en el siglo XVI.  (...)
            Según las historias compuestas en los tribunales, los asistentes a los sabbat se untaban la mezcla detrás de las orejas, en el cuello, las axilas, los muslos, la parte inferior de la espalda y las plantas de los pies. Informa Henningsen de que los funcionarios de la Inquisición, que querían presentar en los juicios de las mujeres vascas de Zugarramurdi los “ungüentos mágicos de las brujas”, hicieron que algunas viejas campesinas de la región prepararan en sus cocinas unas mezclas de grasas con diversas hierbas y extractos de plantas. Luego, en Logroño, ante los jueces, los médicos y boticarios aseguraron no haber visto nunca nada parecido a esos ungüentos en su vida, y que ignoraban conocer los ingredientes empleados.

Pieters, Simon. Diabolus: las mil caras del diablo a lo largo de la historia, Barcelona, Minotauro, 2006.

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