Campaña Ambiental Pagana 2014

[Traducciones] "Hacerlo real", por Starhawk

The Magnifying Glass
 
"Hacerlo real", Starhawk, en Dia de la Terra, Ed. Associació Día de la Terra Catalunya, nº5, 2000. pp.7-14. Traducción de Vaelia,  2013 para Ouróboros Webring. 

 Hace años me entrevistó una historiadora feminista y mencioné que no podía hacer planes para el verano con mi familia porque tal vez estaríamos todos en la cárcel a causa de una manifestación en la que participaríamos para protestar contra la tala de unos árboles centenarios.

La entrevistadora me preguntó: "Pero aún hay gente que hace estas cosas?"

Cuando le aseguré que sí, se quedó pensando y me dijo: "Creo que para la mayoría de los habitantes de New York el medio ambiente no es demasiado real". La miré un poco en estado de shock. Ella continuó hablando: "Quiero decir que lo apoyamos, salvamos a las ballenas y todo eso, pero realmente no creemos en él".

La conversación me impactó profundamente. Primero sonreí y me sentí superior; pero cuando empecé a pensar en sus palabras, me dí cuenta de que ella había puesto en evidencia un problema que iba mucho más allá de los neoyorkinos; que era de hecho una condición compartida por nuestros políticos y por los ejecutivos de empresa: el medio ambiente parece menos real que la hoja de balance económico o que los resultados de las elecciones. No es extraño que estemos confundidos.

Pero cuanto más pensaba en ello, más se resentía mi arrogancia inicial. Si era honesta conmigo misma, debía admitir que para la mayoría de los habitantes de las ciudades, incluyendo los más ecologistas, el medio ambiente es algo irreal, algo que visitamos de vez en cuando o que apreciamos estéticamente, sin comprender en realidad que nuestras vidas dependen de él.

Mi familia y yo habíamos sido detenidos por intentar proteger bosques de árboles centenarios, pero la verdad es que hasta que no fuimos a pasear por el bosque no supimos reconocer qué árboles eran los centenarios. Esto sucede porque no quedan tantos, ni son tan accesibles, como para que los podamos reconocer fácilmente.

Como muchos otros amantes de la naturaleza, tengo un huerto donde cultivo verduras. A pesar de ello, no es mi fuente primaria de subsistencia. El tiempo que haga me puede preocupar, pero no incide en el hecho de que yo tenga o no verduras para comer. Todos vivimos en una cultura que ha convertido el medio ambiente en algo irreal, algo exótico i que no forma parte del día a día cotidiano de nuestra existencia. Empecé a sentir que el trabajo más importante que podíamos hacer, en el ámbito espiritual y en el político, era empezar a desarrollar una relación real con la Naturaleza.

Para conseguirlo necesitamos darnos cuenta de las actitudes inconscientes que nos separan del mundo natural. Hay filosofías que contemplan al ser humano por encima de la Naturaleza y, por lo tanto, le otorgan el derecho de explotarla. Provienen de fuentes tanto religiosas como seglares y el mal que provocan es masivo y visible.

Pero hay otro enfoque más sutil y pernicioso sobre la relación humana con la Naturaleza y el mal que provoca es más insidioso porque, a veces, este enfoque es sostenido por los mismos ecologistas. Tiene relación con la creencia de que los seres humanos somos, en algún sentido, peores que la la Naturaleza; que somos una plaga para el planeta, condenados a estropear todo aquello que tocamos y que la Naturaleza estaría mejor sin nosotros. Admito que este punto de vista puede justificarse pero, a su manera, es tan dañino como la actitud de los explotadores activos de los recursos naturales. 

Porque si creemos que, en esencia, somos perniciosos para la Naturaleza, esto implica que estamos profundamente alienados del mundo natural. También, de este modo, se nos libera sutilmente de la responsabilidad de desarrollar una relación armoniosa con la Naturaleza, de aprender a observar, interactuar y tener un papel activo en la sanación de la Naturaleza.

La idea de que "el ser humano es una plaga" nos impide organizarnos en los temas ecológicos. Es muy difícil que la gente se entusiasme por un movimiento que, inconscientemente, cree que sería bueno que la raza humana se extinguiera. En tanto que vemos a los seres humanos como algo a parte de la Naturaleza, tanto si los situamos por encima como por debajo, creamos falsas dicotomías y establecemos oposiciones Persona-Naturaleza en las que todos salimos perdiendo.

Pero existe otro enfoque que consiste en ver a los seres humanos como parte integrante de la Naturaleza, igual que un mosquito o una flor. De hecho, somos animales. Somos cuerpos que han evolucionado a lo largo de millones de años de comer, respirar, reproducirnos, morir y desaparecer como cuerpos. En la Naturaleza, cada ballena gigante y cada diminuto microorganismo tiene un papel a cumplir en el equilibrio del conjunto. ¡Cuánta arrogancia pensar que no estamos implicados en ello!

¿Cuál podría ser este rol? Podríamos hallar referencias del mismo en las palabras de Mabel McKay, tejedora de cestos y abuela de la tribu de los Cache Creek: "Cuando la gente no usa las plantas, éstas menguan en cantidad. Debes usarlas para que crezcan de nuevo. Todas las plantas son así, si no las recolectamos, si no les hablamos o no las cuidamos, se mueren."

Pudiera ser que se esperara de nosotros que hablásemos a las plantas y a los animales, interactuando con ellos, aceptando lo que nos ofrecen y empleándolo de una manera que favoreciese su crecimiento. Las tejedoras de cestos recolectan las plantas en las orillas del río y estas plantas impiden la erosión del suelo. Los primeros habitantes de California cuidaban la tierra, realizaban las cosechas de formas que crearon condiciones óptimas tanto para los suelos como para los árboles. Su relación con la tierra fue interpretada erróneamente por los europeos, quienes creyeron que se hallaban ante una naturaleza virgen que no había experimentado la interacción humana. Lo que en realidad había allí era una Naturaleza cuidada de un modo exquisito.

En todo el continente, los nativos empleaban el fuego, la plegaria, las herramientas y las ceremonias para incidir en su entorno natural. Las preconcepciones europeas y el menosprecio racista hacia otras culturas crearon la fantasía de la Naturaleza virgen. Esta Naturaleza virgen se creó gracias a milenios de cohabitación. Las culturas indígenas siempre se han considerado a sí mismas como parte integrante de la Naturaleza. No todas ellas han encontrado la manera de mantener el equilibrio. Algunas han cazado animales hasta la extinción o han destruido bosques. No debemos idealizarlas, pero tampoco debemos negarnos a aprender de ellas.

La primera lección es que los seres humanos tenemos la capacidad de cubrir tanto nuestras necesidades como las de los seres no-humanos que nos rodean de manera que incrementemos la diversidad, el hábitat, el equilibrio y la belleza.Si no lo hacemos así, es por un defecto en nuestras actitudes; no a causa de nuestro ser esencial.
La segunda lección que podemos aprender es que la Naturaleza quiere interactuar con nosotros. Lejos de estar mejor sin nuestra presencia, la Naturaleza quedaría incompleta sin unos ojos humanos que la admirasen, sin unas voces humanas que la alabasen y sin unas manos humanas que la cuidaran. Las plantas se morirían si no las cultivásemos. Y especialmente ahora que la Naturaleza sufre a causa de tantas heridas infligidas por el ser humano, necesitamos de la creatividad, la iniciativa y el sudor humanos para renovar el equilibrio que nuestra desequilibrada cultura ha dañado.

¿Cómo lo hacemos? Existen diversas formas de sanar la conexión entre la Naturaleza y el ser humano. Para empezar, cada uno de nosotros puede comprometerse a desarrollar una relación personal con el mundo natural, a hacer de esta relación el centro de nuestra práctica espiritual o la inspiración de nuestras acciones cotidianas.

La mejor manera de empezar es simplemente ir a la Naturaleza y observar. Encontrar un lugar tranquilo y salvaje, Si vives en una ciudad, esto puede significar un rincón del parque o un jardín abandonado. Pasa unos momentos allí simplemente mirando la realidad física que te envuelve. No especules acerca de cómo se sienten los árboles, simplemente míralos. Observa qué insectos, animales o pájaros aparecen, observa como cambian con el tiempo. Simplemente mira, escucha, siente, huele y saborea. Si te aburres, tal vez has escogido un lugar demasiado estéril y controlado para que haya vida en él o es que no estás mirando de verdad. Date cuenta cómo tu mente se concentra y qué te dice tu diálogo interno. Peor en lugar de focalizarte en ti mismo, focalízate en aquello que hay en tu entorno. Con el tiempo te sorprenderás de ver cuántas cosas por observar hay a tu alrededor una vez has abierto los ojos. Y a medida que reaprendamos nuestra capacidad de observación empezaremos a entender que aquello que vemos es la realidad.

3 comentarios:

Ania Aprendiz dijo...

Maravilloso y muy cierto. Debemos conocer e interactuar con la Naturaleza para comenzar a amarla y valorarla. Ella nos facilita la vida que decidimos gozar o desechar.
Un saludo.

Melina Lymnaia dijo...

¡Bravo! ¡Fanástico artículo!

klaus dijo...

un tema muy hermoso, y no solo para aplicarlo en la naturaleza sino tambien en nuestro entorno familiar y social... atender a nuestros amigos como a las plantas segun lo dicho por la abuela Mabel... un proyecto para poner en practica!

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