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Una versión celta del karma, por Andras Corban-Arthen




Una versión celta del karma,
con referencias al “Rede” wiccano y a la “Ley de Tres”


© 2005, Andras Corban-Arthen


Publicado en Ouróboros webring con permiso expreso de su autor.

[Este breve artículo representa una recopilación de aportes que su autor publicó
en el foro Círculo Ecléctico de Estudio Wicca de Yahoo.]



Hay indicaciones de que por lo menos los celtas tenían una creencia muy similar a la esencia del “karma”, o sea, causa y efecto. Entre los gaelos escoceses, por ejemplo, hasta hace unas pocas décadas era muy común el concepto de “toradh”, palabra gaélica que simplemente significa “fruta”. En este caso, viene a ser una abreviación de “toradh do ghnìomharan”, que se refiere a los efectos o consecuencias (“el fruto”) de las acciones o conducta de uno; en otras palabras, “las semillas que plantas serán el fruto de tu cosecha.”

En el gaélico, los sonidos de las vocales se asemejan más al inglés que al castellano --- en vez de un sonido singular y claro, cada vocal tiene varios sonidos diferentes y, para el oído hispano, imprecisos, así que lo que te pueda sugerir es solo un aproximado. “Toradh” se pronuncia algo así como “tór – ag”, con la “g” insinuada, casi completamente silente (piensa en ella, pero no la vocalizes...;-)) En “toradh do ghnìomharan”, la primera palabra se pronuncia como te acabo de explicar, y la segunda es casi idéntica al castellano (como en “do, re, mi…”) La tercera es más complicada, ya que está en el plural genitivo: “jrí – varan”, en la cual comienzas con el sonido gutural de la jota castellana, pero en vez de seguirla con una vocal como sería lo normal, la sigues inmediatamente con una consonante, como si pronunciaras la “tri” en “trigo” con una “j” en vez de una “t”; el resto es muy similar al castellano.

“Toradh” tiene tres significados principales entre los gaelos de Escocia, que, aunque diferentes, están relacionados y comparten el sentido fundamental de “fruto”. El primer significado se refiere específicamente al fruto de un árbol, como una pera o un durazno; el segundo se refiere a la “esencia vital” de cualquier cosa, significado que también conlleva un sentido de “suerte”, “destino” o “fortuna”; y el tercero, a ese principio de “causa y efecto” comparable al concepto hindú del “karma”. Ese tercer significado de “toradh” es probablemente el equivalente más cercano que se encuentra, entre las brujas tradicionales del Reino Unido, al “Rede” de la Wicca moderna. Para mis maestros (como para mí), por ejemplo, el Rede wiccano (“siempre que no dañe a nadie, haz tu voluntad”) no tiene mucho sentido, especialmente como una guía o código moral uniforme para los practicantes de esa senda (como generalmente se toma), porque aunque aparentemente expresa una buena intención, no define lo que constituye ese “daño”, ni tampoco quién tiene el derecho de definirlo, o cómo. En otras palabras, en la Wicca ese concepto de daño es en actualidad algo extremadamente relativo e incierto, lo que quiere decir que todos los wiccanos al fin y al cabo tienen que juzgar por si mismos si cualquier acción suya es dañina o no. Eso en sí no es problema; es más, probablemente refleja lo que la mayoría de la gente que no se adhiere a religiones o filosofías absolutistas hace todos los días. Pero sí hay un problema en esa ilusión engañosa que les hace creer a los wiccanos que están unidos bajo un código moral uniforme, cuando en realidad no lo están; y hay otro problema diferente cuando tantos wiccanos perpetúan erróneamente la noción de que el Rede es “celta.”

No conozco de escritos extensos que describan o analicen ese concepto de “toradh” --- más bien, es una premisa cultural que la gente adquiere desde la niñez y que se mantiene por sentido común, aunque a menudo se refiere a ella a través de dichos y proverbios (alguien --- se me olvida quién --- hace años escribió que “los gaelos son un pueblo que no se rige por leyes, sino por proverbios”); por ejemplo: “el sembrador de ortigas no cosechará manzanas”, o “el que quiera comer fruta, no debe estropear la flor.” O sea, que cada acto, cada pensamiento, cada deseo nuestro tiene consecuencias --- tanto directas como indirectas, tanto obvias como invisibles --- por las que somos responsables, y de las que recibiremos los frutos apropiados. No tiene nada que ver con el bien o el mal, con hacer daño o no --- es simplemente una cuestión de causa y efecto.

Mis maestros decían: “Todo lo que haces tiene consecuencias; antes de hacer algo, piensa bien si de veras estás dispuesto a aceptar esas consecuencias.” Eso implica que, si no puedes ver claramente los resultados más probables de un acto, quizás no debas hacerlo hasta que lo entiendas mejor. Pero, por mucho que lo “entendamos”, nunca podremos ver todas las consecuencias de antemano, así que con cualquier cosa que hagamos, por insignificante que parezca, nos tomamos un riesgo; por supuesto, el no actuar también tiene sus consecuencias y riesgos.

Y el tener “buenas intenciones” no nos absuelve de responsabilidad por nuestros actos (como se cree en el cristianismo, por ejemplo); en el mundo natural, las cosas no son así. Por ejemplo, si, pensando que voy a hacer “el bien” de salvar una especie botánica que está amenazada con la extinción, siembro su semilla al borde de un bosque, y lo que resulta es que esa planta crece y se propaga como un cáncer hasta que destruye el bosque entero, mi “buena” intención no cambia las cosas, y no me quita responsabilidad ni por mi ignorancia ni por el hecho de que mi acto causó la destrucción del bosque --- es el fruto que cosecho, ya fuera esa mi intención o no, ya me guste o no, ya lo acepte o no. Y esa cosecha tendrá sus propias consecuencias en mi vida, ya bien las comprenda yo o no.

Sobre esa “Ley de Tres”, allá para principios de los setentas eso tenía un significado bastante diferente. Por un lado, entre los wiccanos se conocía entonces como la “Regla de Tres”, con el sentido de “regla” que significa un principio o un postulado. Quizás ésto parezca como simplemente un juego de semántica, pero no lo veo así. Creo que “ley” es una palabra mucho más fuerte, que tiene el sentido de algo fijo e inmutable, comparable al sentido moderno de el “Rede” como ley o código moral; mientras que “regla” es algo más flexible e inexacto, es una guía más que un edicto, comparable al significado original del “Rede” como “consejo”. Creo que este es un ejemplo bastante bueno de como las religiones tienden a calcificarse y codificarse a través del tiempo --- en menos de veinte años, una guía o consejo se convierte en “ley.”

Por otra parte, esa “Regla de Tres” se aplicaba exclusivamente a la magia, no a la vida en general. O sea, que las consecuencias de cualquier acto específicamente mágico te regresarían tres veces --- el intento era subrayar que la magia incrementa e intensifica los resultados de nuestros actos, porque añade una fuerza concentrada de energía síquica que por lo general no está presente en nuestras acciones ordinarias, y por lo tanto eso conlleva una sugerencia (otro de esos “consejos”) de que se debe tener mucho cuidado con cualquier cosa que se haga a través de la magia, porque las consecuencias son más fuertes. Irónicamente, esa “Ley de Tres” moderna destruye el sentido original, porque borra la distinción entre actos mágicos y actos ordinarios.

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