Campaña Ambiental Pagana 2014

El Mito del Matriarcado


Matthias Kabel (foto), Venus of Willendorf, ca. 20.000 a.n.e.

En las corrientes espirituales nacidas o recuperadas en el siglo XX la noción del “matriarcado” ha sido empleada a menudo como una realidad compacta e indiscutible y se ha usado para reforzar la idea del culto a una Diosa Madre. El paganismo actual (posterior al 1900) se ha hecho eco de este fenómeno y en gran parte de las tradiciones vigentes se puede seguir el rastro de esta idea. 
Sin embargo, cuando nos acercamos al tema con espíritu indagador este “matriarcado” deja de ser esa “realidad compacta” para desgranarse en una serie de cuestiones obvias de las que no obtenemos respuesta inmediata: ¿Qué es exactamente el matriarcado? ¿Cuál fue su origen? ¿Cuál su final? ¿Cómo se desarrolló? ¿Hubo realmente pervivencias en épocas posteriores?… Tal vez incluso, con algo de espíritu crítico, nos preguntemos ¿cómo y porqué - si es que hubo motivo- fue rescatado? 

Para empezar a aclarar términos podemos recurrir a la Historiografía; la historia de los historiadores; una especie de diario íntimo de Clío en el que quedan registradas todas las obras de sus protegidos y, con ellas, los puntos de vista y las circunstancias que les dieron origen y hálito para pasar, siempre cambiantes, de una a otra generación. Para explicar el matriarcado antes se debe hablar del patriarcado. Éste puede definirse cómo un orden social, un sistema, en el que se institucionaliza el dominio masculino sobre mujeres y niños, de modo que los varones tienen el control de las áreas consideradas esenciales por el mismo sistema: política, guerra, economía de mercado y religión. Dado que se trata de un sistema social, esto es, una creación cultural y no natural, es lícito preguntarse en qué momento y cómo fue instaurado y consolidado. 

La noción de matriarcado nace para la historia a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con los trabajos del etnógrafo Lewis H. Morgan y la publicación en 1861 de Das Mutterrecht (El derecho materno) de Johann Jakob Bachofen. Bachofen defendía una concepción darvinista de la historia y describía diversos estadios en la evolución de la sociedad, que irían desde la barbarie a la civilización. Se consideraba "el ascenso del sistema patriarcal en la civilización occidental como el triunfo de un pensamiento y una organización religiosa y política superiores"[1]. Siguiendo esta línea, en 1884 el historiador Friedrich Engels, en su obra The Origin of the Family, Private Property and the Estate, defendía la existencia de sociedades remotas igualitarias, en relación con una organización familiar no patriarcal, y hacía hincapié en el modo cómo la evolución de las estructuras familiares pudo incidir en la aparición de la propiedad privada. 

En los inicios de la arqueología; Arthur Evans excavó los yacimientos cretenses, en los que aparecen muchas representaciones femeninas, que se interpretaron como prueba física de la existencia del Matriarcado como una etapa primitiva y universal de la sociedad. De este modo se forjó el mito contemporáneo de la Gran Diosa Madre, y las “Venus” prehistóricas, estatuillas femeninas del Neolítico y el Paleolítico, fueron interpretadas siguiendo el mismo patrón.  Y para terminar de justificar la existencia del matriarcado se interpretaron algunos mitos antiguos como reminiscencias de un orden social anterior. Por ejemplo, en el mito de las Amazonas, recogido entre otros por Diodoro Sículo  en el s. I. a.n.e., se presenta una raza de mujeres bárbaras, que invierten los roles de género y controlan las esferas del poder patriarcal -política, guerra…- y subyugan a la población masculina. Hay que subrayar, sin embargo, que esto no configura un sistema diferente al patriarcal: tal como aquí se nos presentan, las amazonas son los agentes dominadores de un patriarcado en femenino: Se da una inversión de géneros, pero no un cambio estructural.

Aunque es posible que estos mitos tenga resonancias históricas los datos etnográficos en los que se basaban autores como Bachofen y Engels han sido rebatidos o superados. El matriarcado no se reconoce como un fenómeno universal, puesto que cada sociedad tiene una evolución propia, y tampoco se ha podido demostrar que existiera en ningún momento un "patriarcado en femenino", un dominio de las mujeres sobre los hombres. Sin embargo estas propuestas acabarían confirmando la existencia de unas sociedades en las que existió la matrilinealidad (el nombre y la herencia se transmiten por vía femenina) y el matrilocalismo (tipo de matrimonio en el que el hombre deja su hogar para integrarse en el de la mujer).
Etnográficamente encontramos también datos de sociedades que, sin ser patriarcales, no tienen porqué estar controladas completamente por el sexo femenino. Así, las representaciones pictóricas, líticas y escultóricas halladas en las excavaciones cretenses de época Minoica dan a entender que las mujeres tuvieron reconocida autoridad en áreas de la vida pública, especialmente en la religiosa. De igual modo a lo largo del tiempo y la geografía van apareciendo sociedades en las que las mujeres detentan un estatus similar al de los hombres, sino en todas, en algunas áreas de poder.

El problema de la interpretación de los hallazgos de carácter simbólico es siempre uno y el mismo; son representaciones. No podemos consultar sus creadores para que nos expliquen el mensaje que encierran, sólo podemos imaginarlo. Si vemos una mujer en un trono, y otra en actitud suplicante a sus pies, podríamos interpretarla como una diosa, pero también como una reina. Figuras femeninas, sin duda, pero ¿quién puede diferenciar si se trata de diosas, reinas, brujas o simplemente mujeres idealizadas? Y, en todo caso, ¿qué grado de correspondencia tienen estas representaciones con la realidad del momento en el que fueron creadas?
La Gran Diosa de la actualidad es posiblemente la concentración en una sola entidad de panteones femeninos de otras épocas. Desde nuestra óptica moderna, sin duda influida por la noción junguiana del arquetipo, podemos ver que ella es “una y todas”, lo cual no significa que en el pasado esta concentración ideal tuviera lugar en las mentes de los pueblos que nos precedieron.

Cuánto más retrocedemos en el tiempo más difícil será entender lo que sentían esas gentes y comunicaban con su obra. El historiador - como el buscador- no puede anclarse en la idea de una “Edad Dorada” y remota que sea una proyección de nuestras carencias actuales. Somos los mismos desde que nuestra especie apareció en la faz de la tierra, animales que suplieron sus dotes biológicas con la cultura, una cultura que nosotros mismos hemos creado y recreamos a cada instante. El problema del sistema patriarcal no es tanto la dominación de las mujeres como la dominación de las personas, de ambos sexos. Pues incluye un seguido de valores que deberían, cuanto menos, ser cuestionados y actualizados en función de las necesidades reales del ser humano.


Vaelia Bjalfi , 2003
Revisado en 2012 


NOTAS:
[1] LERNER, Gerda; La creación del patriarcado, Ed. Crítica, Barcelona, 1990, p.50. 

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