Campaña Ambiental Pagana 2014

[Fragmentos] Lo circular y lo rectangular: una hipótesis. Claude Lecouteux.


Larario, Casa de los Vettii, Pompeya.

Lo circular y lo rectangular: una hipótesis. 

Una de las dificultades que implica el estudio de los genios comarcales es la identificación de lo que puede considerarse su santuario. ¿Estaba ese lugar -hito, árbol, fuente, etc- bajo el patronazgo de un Dios/a o de un genio? La cuestión es fundamental, pero es bien difícil responderla hoy, pues estamos extremadamente faltos de elementos de apreciación. El análisis que daremos a continuación, basado en el método comparatista, que es el único que permite proponer una teoría, tiene que ver con la conjetura y no con la certidumbre. 

Entre los paganos de la Edad Media coexisten dos tipos de edificios religiosos: unos son redondos, otros cuadrados o rectangulares. En todo el espacio indoeuropeo se constata lo mismo, y ello desde la Antigüedad clásica. G.Dumézil, (Rituels indo européens à Rome, Paris, 1954), y otros investigadores han estudiado muy bien este punto, por eso partiré de sus trabajos.

Lo que distingue un templo (templum) de un simple edificio religioso (aedes), es la forma que deriva directamente de la inauguración. Para fundar un templo, se consultan los augurios y se delimitan las regiones del cielo con un bastón recurvado. Además, los augures liberan el terreno y lo declaran vacío (liberare, effari), y luego trazan los lados del templo. He aquí cómo expone J. Marquardt la inauguración: 

 “El emplazamiento es limitado por los augures y fijado mediante declaración solemne (quibusdam conceptis verbis). Se llama entonces Locus effatus y sirve para determinar la forma del edificio que allí se levanta. Es un cuadrado o un rectángulo cuyos cuatro lados corresponden a los cuatro puntos cardinales; el frontispicio, conforme al antiguo uso romano, está vuelto hacia el oeste, de modo que el que sacrifica en el altar de los holocaustos delante del templo, y que mira la imagen del Dios en la cella abierta, tiene el rostro vuelto hacia el este”. 

La orientación del templum celeste es fundamentalmente de oeste a este, y lo que se inaugura es una representación simétrica del cielo, mientras que lo que no lo es sigue siendo esencialmente terrestre.
Al estudiar el santuario de Vesta, que es un aedes rotunda, G.Dumézil mostró que el fuego perpetuo que allí arde corresponde al gârhapatya védico, es decir, al “fuego del dueño de la casa”, que no está “destinado a recibir ofrendas sino a materializar mediante un hogar la estancia legítima de un hombre o un grupo de hombres en un punto de la tierra” (Op. Cit. p.33), y que requería un contorno redondo. Pues bien, Vesta es una divinidad terrestre, incluso es la tierra en la medida en que es soporte de la vida de los hombres y en la medida en que es redonda, dice Festo, y Ovidio afirma que “es lo mismo que la tierra” (Fastos VI, 267, 269 ss.).

Jean-Pierre Vernant (Mythe et pensée chez les Grecs, París, 1980), al final de un importante estudio, dice que cabe perfectamente admitir que el círculo caracteriza en Grecia las fuerzas a la vez ctónicas y femeninas, que se relacionan con la imagen de la Tierra Madre, que encierra en su seno a los muertos, las generaciones humanas y los crecimientos vegetales. 

Pues bien, en el Occidente medieval, estos últimos se encuentran sometidos a la buena voluntad de los difuntos, y se produce una confusión constante entre el culto de los ancestros, el de la Tierra Madre, y los genios comarcales, que pueden ser tenidos por avatares de los difuntos y de la Gran Diosa. Así pues, un edificio circular es polivalente. 

Tomando por postulado la antigua unidad de las creencias indoeuropeas, se puede considerar que en otros lugares de la misma área cultural sobrevive la misma noción, o la misma oposición entre lugares redondos y rectangulares. En el espacio germanicoescandinavo, los arqueólogos han puesto al día las substrucciones de santuarios de los que han podido trazar el plano de masa. Estos edificios eran paralelogramos, cuadrados o rectángulos, y la orientación de sus lados, grado más o grado menos, corresponde a los puntos cardinales. Así pues, corresponden muy de cerca de lo que encontramos en Roma, y se sitúan en el punto de encuentro del cielo y la tierra. Tal es el caso en Saeból, en Rútstadir y en Ljárdkógar . La Kjalnesinga saga describe el templo de Thór, que medía 20 pies de largo por 60 de ancho, pero el interior era redondo. 

El santuario o templo escandinavo era llamado hof, era rectangular y, por ejemplo en Noruega, contaba dos piezas: una, oblonga o toscamente rectangular, llamada skáli, que ocupaba dos tercios del edificio, y en la que se celebraban los banquetes sacrificiales, y la otra, llamada afhús, era cuadrada, y era sin duda allí donde se alzaba el altar pagano . Los investigadores han constatado que las proporciones del skáli y del afhús eran las mismas que las de las embarcaciones y los coros de las pequeñas iglesias noruegas de piedra o madera todavía en pie. 

En Islandia, la forma más antigua de santuario parece haber sido circular según las excavaciones emprendidas en los emplazamientos de Ytri-Fagadalur y Hvammur. En cambio, entre los germanos del Oeste, en la edad del bronce, los santuarios eran pequeños edificios cuadrados. Así pues, parece haber habido permanentemente coexistencia de lo circular y lo rectangular, cosa que algunos investigadores han interpretado de la siguiente manera: en unos, se adoraban las divinidades vanes, en los otros, a los ases...

Como correlato del postulado formulado más arriba sobre la unidad de las creencias del fondo indoeuropeo, se puede plantear que los lugares circulares, es decir, aquellos cuya circularidad es ante todo obra del hombre, y cuyo carácter sagrado es evidente, no están dedicados a las altas divinidades del panteón, inaccesibles y distantes, sino a los genios comarcales, tan cercanos a los hombres y tan importantes para sus asuntos. Así, aquellos árboles, aquellas fuentes o aquellas piedras rodeadas de setos o de un murete tal vez fuesen los santuarios de los genii loci, esencialmente terrestres, y que su trazado circular así lo indicara. 

Hay un segundo punto que tal vez permitiese precisar la hipótesis: los santuarios de los dioses nunca están alejados de la casa, entre los antiguos escandinavos incluso están en ésta. De modo que habría que poder situar con precisión sobre un mapa dichos santuarios agrestes o forestales, pero el simple hecho de que se encuentren apartados de las casas y los pueblos proporciona a mi entender una valiosa indicación sobre su naturaleza. 

Acordémonos de lo que dicen los sermones, las actas de los concilios y los penitenciales: nos informan de que los hombres acudían a lugares apartados, junto a árboles, piedras y fuentes. De modo que no parece tratarse de un culto a los dioses del panteón germánico, sino a un culto a los genios tópicos. En el actual estado de mis investigaciones, desgraciadamente, no puedo desarrollar más esta hipótesis, que otros trabajos tal vez invalidarán o confirmarán. 

LECOUTEUX, Claude; Demonios y genios comarcales en la Edad Media, Barcelona. José de Olañeta editor, 1999.

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