Campaña Ambiental Pagana 2014

Promesa, Juramento y Palabra

de Nicholaj de Mattos Frisvold
(Publicado con permiso del autor)


"Los grandes navegantes deben su reputación a los temporales y las tempestades."

- Epicuro

Dar tu Palabra, Jurar, hacer una Promesa es un acto de consecuencias dramáticas. Era dramático en el pasado (así como lo es hoy en día entre las fes, cultos y mentalidades tradicionales); dar la palabra en un juramento ata a uno de cierta manera, tomando a los espíritus como testigos de la verdad. Encontramos contrastes en este ámbito desde Epicuro, quien consideraba que las amistades eran una forma de amor que danzaba alrededor del mundo y que sustentaba nuestro ser. Traicionar la amistad (file) en forma de daño, mentiras, engaños o traición para él era visto como la clave de la desgracia en su depravada carencia de honor. Para Epicuro era mejor acabar la vida de uno que traicionar a un amigo.

El hombre moderno ya tiende a no dar el mismo valor a los juramentos y las promesas. Las promesas y los votos se rompen fácilmente en referencia a alguna estrategia de auto justificación o la demonización del otro. Curiosamente las promesas rotas a menudo vienen seguidas de acciones punitivas sobre el otro por medio de aquel que se siente culpable de romper el juramento o la promesa. Esta culpa toma forma de auto justificación. En lugar de admitir la culpa uno busca explicar las razones por las cuales se ha roto la promesa y miente acerca de los fallos del otro, reales o imaginarios. La verdad empieza a distorsionarse y a ser distorsionada en algo que el culpable puede condenar, en un acto de deshacho de la culpa que se pega como las moscas atraidas a las heces.

Otra forma de juramento es el juramento del caballero, donde uno jura a la Corona a ser leal, a ser sirviente y a ser fiel. El verdadero caballero estaría en cualquier momento dispuesto a dar su propia vida en defensa de los más débiles o de la corona.

Cualquier juramento, ya sea en un matrimonio de cualquier clase, o a una familia o cónclave, espiritual, de sangre o clánico sigue el mismo patrón. Mediante la intención y la palabra llamamos a nuestros daimones a ser testigos de nuestro juramento. Si esto se hace con un corazón puro y con una intención verdadera y afectuosa, la traición a nuestra palabra está sujeta a traer sobre nuestras palabras al cakodaimon - el espíritu que nos empuja hacia el mundo de los apetitos y los deseos conmovedores.

El cakodaimon a menudo se representa en forma humana y está íntimamente conectado al concepto del mal de ojo. Es como que el cakodaimon se manifiesta en este particular vínculo entre la envidia y la glotonería. El mal de ojo puede tornarse en una adicción cuando uno está constantemente victimizándose, echándole la culpa a quienquiera que destaque en la vida de la víctima por su desgracia. Esto es la envidia en movimiento, porque la víctima se consume en el sentimiento de estar siendo tratado injustamente o de no dársele la parte que le corresponde de lo que sea que el mundo tiene para ofrecer. La envidia no es solo acerca de desear lo que tu vecino tiene - es también un sentimiento de la otra gente, aquellos culpados por la desgracia de las víctimas al ser poco meritorias de sus buenas fortunas. La víctima consumida por el mal de ojo de su propio cakodaimon rápidamente toma el carácter de un caballero mal guíado que busca justicia por su propia auto traición - y la mentira se usa como un velo de la verdad en el nombre de la justicia. Este es el tipo de justicia que busca culpar a otros de las desgracias propias. Es el tipo de justicia que busca una cabeza de turco fuera de sí mismo. Es una justicia que está cegada por la propia convocación del propio cakodaimon. Porque la justicia es, como Epicuro dice:... "un tipo de pacto para no dañar ni ser dañado".

Una persona que está bajo la influencia de su daimon negativo vivirá en un mundo hostil y verá las acciones y palabras bien intencionadas de un amigo como una provocación y a menudo un ataque sobre la mismísima alma y a la persona de auquel que decidió victimizarse a sí mismo. Contra más débil sea una persona, más aflora la necesidad de tener todo bajo control y juzgar. Uno busca castigar en nombre de la justicia. Es un fuego negativo desenfrenado que echa cenizas y ascuas en la boca del débil, y los juicios, el chismorreo y el carácter enfermo aumenta y aumenta hasta que él mismo justifica cualquier mala acción, porque el débil, la víctima, al final encontrará que está en su derecho castigar a los opresores. Y con opresores me refiero a aquellos que son traicionados. Tales son las formas de los oscuros daimones personales vagando en la restricción y la oscuridad. Es un sufrimiento, un auto odio que es demasiado pesado de llevar y el débil cree que esa carga debe ser dada a alguien culpable de la miseria auto-inflingida.

Una persona sabia luchará a toda costa por mantener esas fuerzas aprisionadas en favor del espíritu de la comprensión y la tranquilidad. Una persona sabia nunca culpará a nadie, sino que se dará cuenta de que las elecciones traen consecuencias y se aproximará a ello con interés. Una persona sabia es siempre humilde en toda forma de tormentas y fieros vientos, y buscará comprender mediante la virtud de la aceptación, porque esto llamará al carácter honrado y al brillo serpentino del agathodaimon - nuestra naturaleza perfecta que se despliega en amor, compasión y comprensión. No hay justicia punitiva donde nuestra naturaleza perfecta descansa entre alas de amor en el ojo de la tormenta, solo paz y aceptación; así podemos avanzar, más sabios y más satisfechos al dominar otra prueba u obstáculo.

El juramento es un vínculo, y romperlo traerá consecuencias. Contra más íntimo es el vínculo más dolor y daño viene con su ruptura. Romper la palabra dada es como romper vasos sanguíneos y nervios. Si significó algo cuando la se dio la palabra, le seguirá dolor. La tendencia para alguien que lo ha roto (sea por traición o mentiras) es ser consumido por la necesidad de justificar la propia falta de honor. Pero no hay nada que justificar - solo la aceptación y la verdad liberará a quien rompe el juramento. Es un dolor tremendo que sigue a quien rompió su palabra, muy diferente del dolor de la aflicción que se deja en el corazón del traicionado.

Esta dinámica está implementada en toda situación donde se da un juramento, una promesa y la palabra; esta está solo mediada por grados y proximidad.

Dar la palabra es invitar a los propios daimones a ser testigos de la verdad. La traición traerá desafíos a los que uno puede sucumbir, o verlos como oportunidades de rectificar los pasos deshonrosos. El juramento llama a la verdad y ata la sangre, el corazón y el alma en un instante atestiguado por espíritus, elementales y ángeles. El juramento es una muestra de amor que despierta la bondad y la verdad, porque esta es la naturaleza del acuerdo, no dañar ni ser dañado. Y tal vez, a la larga, ¿unas gotas de verdad amarga son mejores que litros de mentiras dulces?

Traducción: Francis Ashwood

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