Campaña Ambiental Pagana 2014

[Editorial] La Primavera llega de todos modos




A pesar de las sacudidas sufridas en las últimas décadas, la rueda de las estaciones sigue girando. La Primavera se abre paso atropelladamente, ondeando el color de los pétalos entre el estallido claro de hojas nuevas. Llega con algo del espíritu salvaje del carnaval; con el ánimo del que ha sobrevivido la cruda batalla del invierno pero sabe que su guerra no termina,y aunque ahora parezca lejano, llegará un día en el que será nuevamente derribada, esparcida sepultada por la tierra.
Hay una suerte de primavera simbólica en todos los inicios, y que nos espera después de los finales: Una vez confirmado su reinado, nos toma de la mano y nos invita a bailar una danza en la que, ligera, se entrega por completo a su fugacidad. Nada reserva para sí, y eso es lo que la hace eterna, es por eso que, a pesar de ser casi tan vieja como el mismo Tiempo, su apariencia siempre es joven.

Asociamos la primavera y su corte a los buenos tiempos, a la abundancia, a la alegría y la celebración. Por lo tanto, cuando las cosas no nos salen como nos gustaría y  dudamos de que haya nada que festejar, la apartamos de nosotros, nos burlamos de ella, o incluso la maldecimos. Olvidamos que la Primavera es sabia, y olvidamos que ella estaba aquí mucho antes de que nosotros, humanos, empezáramos a acomodarnos tal vez mas de la cuenta. Todos llevamos esa primavera en nuestro interior, una fuerza que nos impele a la acción, a la búsqueda, a la realización de nuestra voluntad profunda. Sin embargo a menudo aprendemos a silenciarla bajo toneladas de excusas hasta olvidar incluso que esa capacidad de movernos y mover cosas está a nuestra disposición, esperando como una criatura castigada a que le demos permiso para salir.

Aunque suene algo tópico, en ocasiones es necesario vivir experiencias que resultan más o menos desagradables pero muy esclarecedoras, para comprender hasta qué punto necesitamos de esta parte de nuestro ser, y empezar a confiar en su ayuda para salir adelante. Pero es posible - y mucho más divertido -, que prestando algo de atención nos demos cuenta de este tipo de cosas antes de aprenderlas por la fuerza. Porque un brujo no requiere, en realidad, de demasiadas herramientas, sin embargo no llegará a ningún sitio si no es capaz de observar más allá de las apariencias, de descifrar el funcionamiento de un puñado de cosas aparentemente intrascendentes, de adquirir o desarrollar las habilidades necesarias para cambiarlas según su voluntad y mejorar así su vida y la de aquellos que lo rodean.  

Como afirma Shinoda Bolen en el título de uno de sus libros "Las brujas no se quejan" - a menos que estén ejerciendo de una manera sana su derecho al pataleo - , o van aprendiendo a no hacerlo demasiado para, en vez de esto, tomar responsabilidad y aplicarse en la búsqueda de soluciones, incluso cuando todo se ve negro. Pero no se trata sólo de no quejarse, también se trata de empezar exprimir los momentos, dea vivirlos con intensidad, sabiendo que, buenos o malos, pasarán, y sobretodo de estar dispuestos a dejarlos pasar. Se trata también de cuestionar los conceptos de juventud, abundancia, bienestar y celebración que la sociedad en la que nos movemos trata de imponernos, de revalorar aquellos elementos que constituyen nuestra verdadera riqueza y redescubrir el agradecimiento auténtico - en vez de esa conformidad envenenada que da más miedo que la desgracia misma- al darnos cuenta ya no de lo que tenemos, sino de lo que somos.

La primavera llega de todos modos, tal como lo hará el invierno: cumpliendo un viejo pacto con la Tierra paseará por las calles junto a nosotros, y dependerá de nosotros si la vemos o no. De una forma bastante menos previsible también se hospedará en nuestras vidas de vez en cuando, para pasar una noche o para pasar un año, y  es posible que sólo regrese en la medida en la que se sepa invitada.


Equinoccio de Primavera, 2012


Imagen: The Triumph of Flora, Jean-Baptiste Carpeaux, 1865

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