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[Artículos] Textos de magia en el escritorio regio de Alfonso X

"El arte de saber o de encantamientos: textos de magia en el scriptorium alfonsi", transcripción adaptada de la conferencia realizada por Laura Fernández, en el Instituto de Investigaciones Históricas (UNAM) el 19 de agosto de 2011. Con el fin de completar la información se han consultado otras fuentes, listadas al final del documento. Ouróboros Webring, Agosto 2011.

Resumen
Durante el reinado de Alfonso X, numerosos textos árabes y hebraicos llegaron a la corte de Castilla, donde fueron asimilados, reinterpretados, mejorados y exportados al resto del occidente europeo a través del escritorio regio. Entre los textos científicos se cuentan varios tratados de Magia, materia que resurge con la recuperación del saber griego y trae consigo el bagaje de culturas tan diferentes como la india, babilónica, egipcia, hebraica e islámica.
En estos textos la figura del mago aparece como detentora de un conocimiento superior, obtenido del contacto con espíritus a través de la realización de detallados rituales e imágenes talismánicas. De la producción del scriptorium alfonsi sobre la materia destacan el Libro de la Magica de las Imágenes, más conocido como Picatrix; el Sefer Razielis, y la tardía compilación titulada Libro de Astromagia.
Los textos de magia del taller científico de Alfonso X fueron distribuidos por Europa occidental y tuvieron éxito especialmente entre los humanistas. A partir del siglo XVI, sin embargo, se incluyeron en las listas de libros prohibidos y perseguidos por la Inquisición.

El escritorio regio
A su llegada al poder, en 1252, Alfonso X es consciente del potencial de su reino, que dispone herramientas y recursos que hasta el momento no existían. Destaca entre ellos la herencia de la escuela de traductores de Toledo. Bajo patrocinio del monarca, el escritorio regio puso en marcha un proyecto cultural que apoyó al político y sirvió a su afianzamiento.
Si bien hasta el momento la traducción se había realizado del árabe al latín, Alfonso X promovió el uso de la lengua vernácula. La producción de su taller científico se caracterizó por la asimilación del legado árabe, y la intervención hebrea. De este modo la lengua de castilla se hubo de enriquecer con el fin de poder tratar todos los ámbitos de la cultura, lo cual significó un reto para los traductores, que en ocasiones debieron inventar nuevos términos.
Esta creatividad lingüística también se acompañó de una creatividad conceptual. Los textos no sólo se tradujeron, sino que se trataron de mejorar por medio de añadidos y aclaraciones. Así mismo fue necesario crear todo un aparato iconográfico, inexistente hasta entonces, con el fin de ilustrar los conceptos referidos en los textos. Esta imaginería perdurará en la Edad Media y en la Edad Moderna.
Aunque se tienen pocos datos sobre los integrantes de este taller algunos de los nombres que se conservan dan cuenta del trabajo conjunto de cristianos y hebreos, necesariamente buenos conocedores de los temas tratados en los manuscritos.

Magia y ciencia en la época de Alfonso X
La obra científica de los talleres de Alfonso X constituye uno de los capítulos más brillantes de la Edad Media. Tras haber sido rechazado y caído en el olvido, el conocimiento griego representado por autores como Aristóteles o Ptolomeo, fue recuperado a través del mundo islámico para el occidente europeo, que en el siglo XII inicia su estudio y asimilación. Este interés de Alfonso X por los temas científicos (la magia es considerada uno de ellos) se relaciona con el panorama cultural del momento, interesado principalmente en la astronomía y la astrología, llamadas indistintamente “Doctrina de las estrellas”.
Esta Doctrina de las estrellas tiene por objetivo conocer la estructura del universo, el movimiento de los cuerpos celestes y su influencia en la tierra. No se debe olvidar que Toledo fue capital de los estudios de Magia astral, a ella acudían todos aquellos que querían aprender y profundizar en este arte. Sin embargo, la definición de esta ciencia es ambigua, por lo que se requiere dejar claro cómo debe o no ser practicada. En el texto legislativo de las Siete Partidas de Alfonso X, la práctica de esta doctrina se describe como “Adivinanza”: Se reserva a los conocedores de la materia y se alienta a los aspirantes al estudio de los “libros de los sabios”, mientras que se condena con dureza el uso de otras técnicas adivinatorias populares, tales como la adivinación por observación de agua, cristal, espejo, espada u otras superficies, la lectura de manos, etc. Los practicantes de este segundo grupo de técnicas de adivinación son considerados personas que causan mal a las gentes y se sanciona tanto la práctica de estas técnicas como su encubrimiento.
En general, las formas de magia perseguidas y castigadas fueron aquellas que se consideraban dañinas, mientras que las de carácter benéfico se respetaban y defendían. Por otro lado, aquellos aspectos de la magia que no parecían contradecir los dictámenes de la iglesia del momento eran así mismo defendidas, pero en cuanto se alejaban de la doctrina cristiana empezaban a estar mal vistas.
En otra obra del scriptorium, la General Estoria, una historia general del mundo, se habla del estudio de las ciencias y en particular de la magia. Es precisamente en este texto donde el Arte Magica viene definida como el “arte de saber o de encantamientos”, y se distinguen en él tres clases:
Magia de las Imágenes: Se habla de la elaboración de imágenes talismánicas realizadas en conexión con los movimientos astrales con el fin de acrecentar el conocimiento sobre dios, los cielos, los elementos y los santos, así como “ahondar en las voluntades”.
Magia de las mezclas: Se trata de un conocimiento de las propiedades de plantas, semillas y otros productos naturales, y de cómo se deben mezclar en para conseguir medicamentos contra la enfermedad y los dolores.
Magia de las suertes. Se refieren a las formas populares de adivinación, anteriormente citadas. Esta forma de magia “No tienen por buena como las otras, porque olvidaron algunos a Dios en ellas y se desviaron de él más que en las otras”.
Los textos de magia en la producción del escritorio regio de Alfonso X son un espejo de las inquietudes intelectuales de la época. Se traducen varios textos relacionados con esta materia: el Lapidario, el Cuadripartito, el Libro de las formas e imágenes (Picatrix), el Liber Razielis, y el Libro de Astromagia. Los tres últimos textos, estrictamente mágicos, son los menos conocidos.
El Libro de la mágica de las imágenes o Picatrix
El Libro de la mágica de las imágenes (c.a. 1256-8) es la traducción al castellano de un tratado árabe de magia talismánica, en el que se incorporaron y actualizaron datos. Se realizó una versión latina, que se tituló Picatrix, con el fin de exportar la obra a otros focos culturales de la Europa occidental. Tuvo mucho éxito entre los humanistas italianos conectados con Marsilio Ficino y la Academia de Florencia, y alimentó los debates sobre la materia en el Renacimiento. El libro original se ha perdido, pero han llegado algunos fragmentos a través de la compilación realizada por el mismo scriptorium, llamada “Libro de Astromagia” c.a. 1280.
Su texto aborda el estudio y la práctica de la magia desde un punto de vista intelectual, como una forma superior de conocimiento que implica y exige una disciplina ascética a aquellos que quieran dedicarse a ella. Se considera que el contacto entre el mundo de los espíritus a través de sortilegios y talismanes requiere de una preparación muy específica. El papel del mago era el de capturar el poder que emanaba de los cuerpos celestes a través de imágenes grabadas en el momento astronómico preciso, siguiendo un ritual determinado. Los textos incluyen oraciones, sahumerios, invocaciones e imágenes talismánicas que atraían los poderes correspondientes. Así mismo se describen detalladamente los rituales para entrar en contacto con los ángeles, entendidos como espíritus superiores.
El texto tiene, además, un importantísimo trasfondo filosófico que recoge la doctrina Sabea, antigua religión sincrética de la Península Arábiga preislámica, que aglutinó líneas filosóficas y elementos culturales procedentes de India, Babilonia, Persia, Egipto, etc. El mundo islámico asimiló inmediatamente esta doctrina, y la transmitió a través de diversas obras, por ejemplo en las “Epístolas de los Hermanos de la Pureza”.

El Liber Razielis
Desde el siglo XII hasta el XV los textos mágicos judíos son muy utilizados. El Sefer Raziel fue un libro de Cábala práctica que se tradujo (c.a.1259) del hebreo al castellano, nuevamente en una versión enriquecida. Se trata de un compendio de magia astral hebrea en el que las advocaciones a los ángeles cumplen una función preeminente. A través de los ángeles el mago puede acceder a la sabiduría y emplearla en función de sus necesidades. Los invoca a través de conjuros secretos que cifran diferentes nombres, material al que únicamente se puede acceder a través de la magia talismánica. También fue traducido al latín, única versión que se conserva a día de hoy.
Según narra el Liber Razielis existió un libro llamado “El Libro de los Secretos de Dios” grabado en un zafiro que, en la tradición hebrea, fue entregado a Adán por el ángel Raziel. Este libro llegaría posteriormente a manos del rey Salomón. En la traducción del scriptorium la figura de Salomón adquiere un protagonismo absoluto, desconocido en otras versiones, para relacionar la figura de Salomón con la de Alfonso X.

El Libro de Astromagia
El Libro de Astromagia es una compilación realizada a finales del reinado (c.a. 1280-1), y es el último libro elaborado por el taller científico. Se ha conservado parte del manuscrito, en la biblioteca apostólica Vaticana. Su objetivo fue facilitar la posición exacta de los signos del zodiaco y los planetas para la elaboración de cartas de horóscopo y establecer una relación directa entre los objetos celestes y el ámbito terrestre.
Es de gran importancia desde el punto de vista iconográfico, dado que ilustra conceptos de gran sofisticación intelectual sin contar con una tradición iconográfica anterior. Es característica del taller la distribución de las figuras realización de esquemas circulares. El planteamiento de estas representaciones icónicas debió deberse a un conocedor del texto que diseñó cómo debían ser representadas las materias sobre las que versaba el texto.
El Libro de Astromagia incluye fragmentos de otras obras, entre ellas el Picatrix. Se conservan 6 secciones (libros) de la obra:
1. Libro de los Paranatellonta o Libro de la Myriogenesis zodiacal. (Pseudo-Pitágoras) En el Egipto helenístico se produce una fusión entre la representación de los 36 decanos egipcios (unas deidades vinculadas a los ciclos agrícolas que se empleaban como medidas de tiempo) y el zodiaco griego. A cada decano se le asignan 10 grados de la eclíptica, circunferencia que traza el sol a lo largo de su recorrido. A cada signo zodiacal corresponden 3 decanos. Cada decano ejercía una influencia concreta durante 10 días al año. Esta información ampliaba el conocimiento del horóscopo y determinar el destino o el carácter de las personas según el momento astral de su nacimiento. Se quiso relacionar también cada grado de la eclíptica con una constelación o estrella. Cada signo zodiacal se asociaba a 30 constelaciones o estrellas, que recibieron el nombre de paranatellonta.
Es la primera vez que los paranatellonta se representan gráficamente. El texto castellano se tradujo al hebreo, y éste a su vez se tradujo al latín, versión que tuvo mucho éxito en Italia, donde sus imágenes se emplearon como base para la decoración del Palazzo della Ragione, edificio principal de Pádua, pintado por Giotto.
2. Libro de los decanos. Ya en el s.I en un texto firmado por Teucro, el autor relaciona astros y constelaciones del entorno egipcio, babilónico y griego, que define como la “Sphaera Barbarica”. En un gran compendio de astronomía, el autor árabe Albumasar relacionó esta “Sphaera barbarica” (a la que cambió el nombre por a “Sphaera Persica”), con la “Sphaera Graecanica” de la tradición griega, que incorporaba las 48 constelaciones de Ptolomeo. Albumasar incorporó también a su obra la “Sphaera Indica” tomada de las tradiciones de la India a través del autor Varāhamihira.
3. Libro de la Luna. Describe el camino que traza la luna a lo largo de su ciclo, dividido en 28 secciones que se conocieron como mansiones lunares. Nacieron en el ámbito de la India, vinculadas a la unidad de tiempo. Esta tradición fue asimilada por la islámica, a través de la cual llega a la corte de Alfonso X. El Libro de la Luna se atribuye a un personaje legendario, Kankaf al-Hindi. También incorpora las interpretaciones de las 28 mansiones lunares realizadas por Plinio y la tradición hermética. En el Libro de la Luna, ésta se representa como una mujer con toga y nimbo de preeminencia, montada a lomos de una liebre.
4. Libro de las imágenes de los doce signos. (Pseudo-Aristóteles). Describe los doce signos zodiacales, las relaciones que se dan entre ellos, así como los rituales para la realización de talismanes vinculados a los signos astrológicos.
5 y 6. Libro de Marte y Libro de Mercurio. Describen las formas de representación de ambos planetas y sus propiedades, incluyendo imágenes procedentes del ámbito islámico e indio. Cuenta también con imágenes circulares de los rituales, encuentros con ángeles y espíritus. En un círculo menor aparece la imagen del astro y el signo que deben reinar en el momento.
A pesar de su importancia, el Libro de Astromagia no fue terminado. En este momento la mayor parte de los recursos del taller están destinados a la elaboración de las Cántigas de Santa María, por lo que la calidad de esta obra es, en comparación, inferior a otros libros de temática mágica realizados anteriormente.


Las mansiones lunares y los grados de Leo, Libro de Astromagia.



Sacrificios a Mercurio en Géminis y Cáncer, Libro de Astromagia



Anillo de Mercurio, Libro de Astromagia



Fuente:
Fernández, Laura. El arte de saber o de encantamientos: textos de magia en el scriptorium alfonsí, 2011. Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, México D.F.
Materiales consultados:
Grande e General Estoria, Alfonso X. Biblioteca Menéndez Pelayo.
Láminas del Libro de Astromagia, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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