Campaña Ambiental Pagana 2014

[Traducciones] Un paseo por el bosque, Douglas Harding


"Un paseo por el bosque" (1980), artículo de Douglas Harding, traducido al francés por Paul Vervisch y publicado originalmente en Cahiers Metanoia n°23. Fuente Magick Instinct. Re-traducción y adaptación al español por Vaelia Bjalfi. Ouroboros Webring Octubre 2010.

Este verano, caminando a través de las montañas boscosas de la Drôme, hice un curioso descubrimiento, curioso y bastante útil, al menos para caminantes viejos como yo.

Los caminos de tierra del bosque se abren suavemente y se prestan a ser recorridos a condición de que uno tenga cuidado de no tropezar con las rocas que afloran del suelo, las piedras o las grietas. Consciente de este peligro, yo estaba atento a la superficie del camino seleccionando atentamente donde debía poner el pie para evitar tropezar o torcerme el tobillo.

Mi prudencia daba buenos resultados pero había inconvenientes; No se trataba ya de un paseo por el bosque sino sobretodo de mirar hacia abajo, había perdido el bosque ! Las plantas en flor bordeando el camino, los árboles y, a través de ellos, la vista sobre el valle y las montañas de la lejanía, todo esto estaba prácticamente perdido para mí. Mi paisaje se componía de un par de pies visitando lamentablemente los valles y montañas en miniatura del camino.

Rápidamente me cansó este espectáculo monótono, de modo que decidí adoptar un modo de caminar completamente distinto. Asumiendo los riesgos deliberadamente, decidí mirar al aire en lugar de mirar hacia abajo .Allí, a media altura, el camino blanco bordeado de árboles se alargaba, deviniendo fluido y acercándose a mi antes de desaparecer por completo. Ya no temía el terreno accidentado, pues de repente no tenia piernas, ni pies, que corrieran el menor riesgo. Era como si el camino mismo hubiera sido allanado para permitir un caminar cómodo, incluso como si se desarrollara sola. No más dificultades. Si había alguien que caminaba (y no era el caso) entró en el vacío. No me caí ni me hice ningún esguince. Por el contrario, sin poseer pies en absoluto, adquirí un pie de montañés. Y tuve la oportunidad de aprovechar el bosque y el nuevo método se que se demostraba eficaz.

Tan eficaz que no me dejé absorber por el paisaje, sino que permanecí centrado, consciente de mí mismo en tanto que espacio en el que aquel bosque siempre cambiante se desplegaba, consciente de la ausencia de un caminante, consciente de la Ausencia aquí, causando la ausencia del suelo difícil e irregular del camino. Porque, muy rápidamente, descubrí que si alguna cosa me llamaba al exterior, si perdía contacto con mi libertad aquí, empezaría a tropezar con las piedras. Parecía que este vacío central funcionaba mejor cuando permanecía bien presente en esta vacuidad. Parecía que conscientemente había disuelto la proximidad de estos obstáculos, junto con las piernas y los pies que se asocian con ellos.

Recordé la triste historia del ciempiés que paseaba tranquilamente por la hierba, hasta el triste día que encontró un insecto que le preguntó cómo lograba controlar la marcha de un número tan grande de patas. ¡Que gran experto debía ser para coordinar con tal eficacia todas las articulaciones! Pobre ciempiés, una mirada ansiosa sobre su complejo mecanismo de locomoción fue suficiente para paralizarlo por siempre.

Había en mi ruta nuevas mariposas, golondrinas sobre mi cabeza e insectos libando las flores. Todos poseían una dirección incomparable en el vuelo : las mariposas revoloteaban de un lado a otro, para evitar ser capturadas, las golondrinas, perfectas aviadoras de nacimiento, ejecutaban alegremente las más difíciles acrobacias al lado de las cuales aquellas de los humanos parecen torpes, laboriosas y peligrosas. Es cierto que ninguna golondrina se gira para asegurarse de la presencia de sus alas o su cola. Supongo que una sola mirada sería suficiente para hacerla caer del cielo como una piedra. Por sí mismo ningún pájaro es pájaro, ningún animal es animal y es por esto que para nosotros se desplaza con tal belleza Él es el espacio delante de sí.

¿Se ha sabido alguna vez de un gato que camine mirando sus patas, o tropezando con un juguete olvidado en el suelo? Observemos a un niño tratando de caminar. Se inclina hacia adelante, buscando lo que está delante de él, y permite a sus pequeñas piernas titubear como pueden detrás. La verdad (la versión interior, en primera persona) es que aprendemos a caminar sin piernas y que adquirimos estas muletas más tarde en nuestra vida. ¿Con qué resultados? Observemos cerca del mar a unos niños corriendo por las rocas resbaladizas, lanzando a penas una ojeada allí donde ponen los pies, perdiendo sólo ocasionalmente el equilibrio. Y comparemos su desempeño con la marcha, pesada y a tientas, de sus padres moviéndose sobre el mismo terreno cómo si llevaran zancos.

¿Cómo recuperar el arte perdido del niño, del gato, de la golondrina? El arte del gesto justo, espontáneo, que no se preocupa de cómo debe manejar. No hay un retorno posible al paraíso de la infancia. No puedo simplemente dejar el paisaje, dar lugar a estos árboles y las colinas lejanas. Este paisaje no es suficiente para vaciarme de mí mismo. ¿Porqué? Porque persiste la idea de que alguna cosa aquí (yo) reacciona a algo de allí (no-yo). La tranquila certeza de todo adulto, el pilar de su vida en tanto que hombre entre los hombres (certeza tan absoluta que jamás es cuestionada) acerca de que allí, en el centro de su universo, existe algo sólido, opaco, colorido, complicado, activo, prácticamente invisible para su poseedor y por lo tanto perfectamente real. Esta certeza humana universal no se explica en palabras, es muy evidente, no hace falta decirlo. Y esto es una mentira. De hecho es LA mentira.

Es una mentira que se repite, se transmite, se estructura y se intensifica. Esta solidificación progresiva se fortalece con la edad, hasta el día radiante en que se ve tal como es: un absurdo. Aunque no me es posible, como a la golondrina, liberarme completamente de mí mismo olvidando mi presencia, puedo fácilmente, aquí mismo, constatar mi ausencia. Aunque no me es posible perderme en este paisaje boscoso, puedo constatar sin dificultad, que yo soy el espacio en el cual aparece. Aunque no puedo permitirme, como el niño, olvidar mis pies y aquello que pisan, puedo darme cuenta sin dificultad de su disolución (acordarme de verlo). Cuando hay una clara conciencia de esta ausencia aquí, mientras se recorre el bosque, el paseo no puede ser sino bueno, reposado, fácil y agradable. Sin esta toma de conciencia la marcha es dura. Esto no es una teoría, es el fruto de una experiencia. El Vacío, su capacidad de absorber los momentos tumultuosos (y los momentos de calma) de la vida, está aquí para ponerlo a prueba, para aprovecharlo tanto de día como de noche.

Este Vacío, indecible, milagroso, del cual viven todas las criaturas, este increíble , giro interior (retorno, de hecho) que pertenece a cada quién, esta ausencia de cuerpo, central, que anima y equilibra el conjunto de los cuerpos que engendra es Uno y el Mismo para todos. Es intrínsecamente la Perfección misma en el hombre, el niño, el gato, la golondrina, el gusano, la célula, la partícula... Pero entonces, ¿ cómo pueden existir todos estos aparentes errores de funcionamiento, estas caídas y torceduras de tobillo en el camino de la vida? Para responder será útil distinguir claramente los tres estados, o niveles de comportamiento, que acabamos de exponer.

1 – En principio las criaturas no humanas viven sin cuestionamientos y sin ninguna obstrucción de su vacuidad central y, por tanto, “saben” qué hacer, cómo y cuándo hacerlo. Estas criaturas, ciertamente, están especializadas, sujetas a seguir un cierto tipo de vida. Se ocupan estrictamente de sus propios asuntos. ¿ Con qué resultados? La primera telaraña de la pequeña araña de los jardines es técnicamente una obra maestra. La araña nunca ha ido a ningún curso acerca de la construcción de telarañas y su utilidad. Donde vivo, el cielo se oscurece por la cantidad de de pájaros, a menudo de especies diferentes, que vuelan de un lado a otro. Nadie regula su circulación, ni instaura prioridades hacia la derecha o la izquierda , y por esto nunca he constatado ningún error de vuelo. Las colisiones, son casos excepcionales! Cada criatura, a su manera, es igualmente brillante e igualmente desconcertante.

2 – A su manera, evidentemente, el hombre es aún más brillante. Es el gran aficionado, el perfecto no-especialista, el mayor generalista de la Naturaleza. Es difícil encontrar una de las facultades animales terrestre, aérea o acuática que no sea capaz de igualar, aunque por lo general con torpeza, numerosos errores, abusos y mucho sufrimiento. El hombre es torpe porque reivindica un cuerpo que le permite ser torpe, está frustrado y desdichado porque esta “idea de cuerpo” traba esta “ausencia de cuerpo” que es en realidad. El hombre deja de confiar en la Fuente de conocimiento inmediato de recursos infinitos. Se inclina a favor de ese cuerpo-intelecto problemático, minúsculo, retorcido, inestable y finalmente irreal. Atiende las directrices de éste. El resultado es terrorífico y tan desastroso que la supervivencia de la raza humana está amenazada.

3 – Existe un remedio. Esto no significa que sea necesario volver a la inconsciencia del animal y del niño, ni que se deba renunciar a los inmensos logros de la conciencia humana (por la que el hombre ha devenido capaz de considerarse ajeno). Este remedio significa acceder a una verdadera toma de consciencia de sí, lo que significa una toma de conciencia de Si. Significa volver a casa, al lugar que uno ocupa y constatar que no está ocupado. Significa acceder al reposo, al Centro inmóvil del mundo en movimiento. Significa ver claramente y restituirme a Mi mismo aquello Que siempre he sido, aquí mismo. Significa reconquistar en su nivel más alto el instinto natural, la seguridad, la gracia sin esfuerzo, la espontaneidad que el hombre, único en la creación, ha llegado a destruir. Y todo se reduce a esto: la única manera sensata de caminar por el bosque del mundo es percibir que no hay nadie que camina [...]

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