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[Traducciones] Venus, por Louis Séchan


"Venus" (fragmento), artículo de Louis Séchan en el Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines de Daremberg et Saglio (1877), publicado en Mediterranees por Agnès Vinas. Traducción y adaptación al español por Vaelia Bjalfi. Ouroboros Webring Julio 2010.

La diosa del amor, quien está presente en la naturaleza y reina sobre los corazones de los hombres, es una deidad compleja, cuyo carácter y culto ofrecen una curiosa unión de elementos helénicos y foráneos. Esta dualidad se encuentra ya en el mito de su nacimiento; Según Homero, Afrodita es hija de Zeus y Dione, mientras que en la Teogonía, emerge de la espuma del mar formada a partir de la mutilación de Urano por Cronos. De esta última leyenda, que valió a la diosa los epítetos de aphrogenês, aphrogeneia, pontogenês, pontogeneia, thalassigonos, los antiguos extraen la principal explicación de su nombre, la que surgió de las olas, Anadiómena. La filosofía, en busca de símbolos, hará derivar de este doble origen una antítesis moral; según Platón, la hija de Urano es la noble diosa Urania; la hija de Zeus y Dione, más joven, es Afrodita Pandemos.

La diosa de Hesíodo es esposa de Ares, madre de Fobos Deimos y Harmonia, y esta tradición parece haber sido fundamental en el culto. Pero la leyenda ilustrada por el canto de Demódoco prevalecerá en la imaginación popular: Afrodita contrae matrimonio con Hefesto, al que traiciona por el amor de Ares. Entre sus numerosos hijos, Eros brilla en primer lugar, sin que los antiguos pudieran ponerse de acuerdo sobre el nombre de su padre.


I. Origen y expansión del culto de Afrodita


Es probable que existiera en Grecia, desde épocas muy tempranas, una divinidad de esencia análoga a la de la Afrodita clásica; sin embargo esta última presenta analogías con muchas divinidades orientales de origen anterior, de las cuales se debe admitir que deriva esencialmente. Incluso en Homero, quien le atribuye una ascendencia helénica, subsiste el recuerdo de su origen extranjero: es llamada Kupres en la Ilíada, en la Odisea aparece su santuario de Pafos, y los dos poemas aluden al de Citera. Sin embargo, Chipre y Citera, colonias fenicias, fueron los dos umbrales por los que la diosa penetró en el mundo griego.

Vino de Asia, donde casi todos los pueblos semitas adoraron una deidad lunar, principio de la fertilidad y la fecundidad animal. Era Atargatis-Derkéto en Ascalon, Milita en Babilonia, Istar en Asiria y, sobre todo, Astarté entre los fenicios. Desde Chipre e incluso, en ocasiones, directamente de Fenicia, esta religión se difundió desde la época prehomérica por la mayor parte de Asia Menor hasta las orillas del Mar Negro, posteriormente también desde las costas de Creta hacia las Cícladas, la Ática y la región de Beocia. Desde Citera, donde del mismo modo la introdujeron los fenicios, irradió a través del Peloponeso hacia Esparta, Sición, Corinto, Epidauro, Arcadia y Elis. Finalmente, más al oeste, Afrodita se estableció en el monte Eryx, Sicilia, Cartago y el Lacio.


II. Roles de Afrodita


Afrodita fue venerada en Cnido bajo de las tres formas de Akrai, Euploia y Dôritis, es decir, bajo sus tres aspectos principales de diosa celeste, marina y terrestre. Como dijo Eurípides, su poder se extiende sobre toda la naturaleza, sin exceptuar al hombre cuya raza perpetúa por amor. Recordemos el verso del Hipólito: "Cipris vive en el aire, así como en el fondo del mar; todo nace de ella; es ella quien hace germinar y quien da nacimiento al amor, al cual todos en la tierra debemos la vida." Es bajo estos diferentes puntos de vista que se precisa estudiar a Afrodita.


1. Afrodita astral y celeste. Afrodita armada.

Como resultado de la concurrencia de otras deidades lunares, la Afrodita griega no está unida a la luna por vínculos tan fuertes como sus prototipos orientales. A pesar de ello, los epítetos que se le conceden de Pasiphaessa, Pasifae, Pasifae, sus denominaciones de Asteria y Urania resultan bastante significativas.

Urania es idéntica a la Astarté lunar de los semitas, que reaparece en Cartago bajo el nombre de Virgo Caelestis. Los vínculos de Afrodita con la Estrella de la Mañana aún están implicados en el mito de Faetón, al que la diosa encantó para convertirlo en el guardián de su templo. Faetón es, de hecho, la estrella de la mañana y de la tarde, astro cuyo vivo resplandor hace que se le asocie naturalmente a la luna, de la que parece un brillante acólito. Esta estrella, sin embargo, recibe también el nombre de Estrella de Venus y la asimilación de la diosa con esta estrella doble pudo haber contribuido en Chipre y Panfilia, a la concepción de una Afrodita andrógina.

De modo más general, Afrodita es la diosa de los espacios celestes, también reside en los altos lugares que flotan en el éter. Su culto era celebrado en ocasiones sub divo (1), en Pafos, donde recibe el nombre de Areia. En varios lugares, como Chipre, Cnido, Corinto, Argos o Trecén fue venerada como Akraia. Protectora de las acrópolis fue también una diosa armada, lo que puede ser debido a la analogía estabñecida entre los rayos siderales y las flechas o lanzas, o a la relación imaginada entre la luna y la tormente, cuyo tumulto llena las nubes. Este carácter guerrero aparece sobretodo en Chipre, Citera, Corinto y Esparta, donde se encuentra Afrodita Areia, así como en Argos, donde la diosa recibe el nombre de Nikêphoros.



2. Afrodita marina

Al igual que las deidades orientales de naturaleza análoga, Afrodita está estrechamente relacionada con el elemento húmedo y líquido. Los griegos reconocían en ella una diosa marina, debido tal vez a la influencia de la luna sobre las mareas, o porque, concebida como Urania, la diosa del buen tiempo debía favorecer la navegación. Su propio nombre, como se ha visto, recordaba a los antiguos su origen marino. Se la llamó Pontia, einaliê, thalassaiê , sin olvidar que es llevada en la suave espuma por Céfiro desde los parajes de Citera a Chipre, donde las Horas la reciben con bandas de oro.

A veces se consideraba hija de Zeus y de la mar, y algunos artistas mostraron a Thalassa levantándola de las olas, mientras Tritones y Nereidas celebraban gozosamente su aparición. Ella es Anadiómena quien gobierna las aguas de las que procede, y es probable que en muchas leyendas aparezca como amante de Poseidón, a quien frecuentemente se vio asociada en el culto, en Panticapea, Aeges, Cilicia, Egina, Corinto, Patras y Orcómeno. La concha se convertirá en uno de los atributos de la diosa, el delfín, el alción (2), el pompilo (3) y el cisne le son consagrados, todos ellos espíritus de la mar en calma o precursores del buen tiempo. Serena y apacible, Afrodita calma el viento y el oleaje; su sonrisa se refleja en las ondas luminosas; asegura protección contra los peligros del mar, auténtica Señora del Socorro. En Pafos se la consultaba acerca de la navegación y era venerada bajo los nombres de Nauarchis o Euploia , por ejemplo en Cnido y Atenas. Afrodita Aineias, cuyo culto se atestigua en el golfo de Salónica, Zacinto, Léucade, en Actium, Sicilia y en las costas latinas, es una de las formas de Pelagia (4); de modo que se puede decir que la Eneida ofrece, unidos “por la cadena contínua del viaje de Eneas, los diferentes templos en los que los viajeros de las rutas marítimas acudían a adorar a su madre Afrodita”


3. Afrodita proveedora y ctónica

No es de extrañar que Afrodita, diosa del astro que produce el rocío y soberana del mar, sea también el principio de la fertilidad terrestre. Gracias a ella, las fuerzas vegetativas despiertan cada primavera, cuando el cielo se derrama en tibias ondas para fecundar el seno de la tierra, que dará sus frutos a los mortales. Los poetas también llaman a Afrodita zeidôros, êpiodôros, eukarpos ; se levanta el palo de mayo en su honor; y se ha señalado su culto en Cnido bajo el término de dôritis , que remite a sus dones otorgados. Cuando la diosa llega a Chipre, un manto verde se extiende bajo sus pies, y para ella siempre se cubren de flores los caminos. Ella les da vida y su perfume impregna sus velos; ella es la florida, antheia. Junto a Ninfas y Gracias trenza con flores collares fragantes en Ida y prefiere, entre todas, la anémona, el mirto y la rosa. Ama también las arboledas y los jardines que a menudo le son consagrados, por ejemplo en Atenas donde Urania se venera en kêpois (5).

El íntimo vínculo de Afrodita con la vegetación primaveral se muestra claramente en su unión con Adonis, quien es su símbolo. La existencia del héroe es tan efímera como la de las plantas frágiles que se ofrendan en sus celebraciones, tras los seis meses de buen tiempo, cuando se recogen los frutos de otoño y el invierno desnuda los campos de su ropaje, Adonis debe regresar a los Infiernos. Afrodita, por lo tanto, ya no aparece sonriente y dorada; llora su partida y se cubre con el duelo universal de la naturaleza: también ella descenderá entre los muertos. Asociada al declive de la fertilidad, adquirirá un carácter sombrío y fúnebre, que se confirma en ocasiones en el culto, y que la convierte en una segunda Perséfone, sin embargo Afrodita reaparecerá triunfante, y es a causa de este triunfo que se la concebirá sin duda como libertadora del Hades.


4. Afrodita, diosa de la fertilidad, el matrimonio y la familia

El despertar de las energías vegetales no es más que uno de los aspectos de la influencia ejercida por Afrodita sobre todo aquello que participa en la vida. Es la forma elemental del impulso general de los seres de propagar su especie; los poetas, en su lenguaje imaginario, le dan como principio una forma superior del mismo instinto, diciendo que en primavera, el venerable cielo y su esposa la tierra se colman de amor y desean unirse. Afrodita inspira a todas las criaturas la inclinación sexual y preside su fecundidad; se puede ver en cierto detalle del mito de su nacimiento un símbolo de esta función. Las aves del cielo, todas las bestias de la tierra y el mar están bajo su cuidado. A su paso por Ida, arroja el deseo en el pecho de los lobos, los leones, los osos y los leopardos, los cuales se acoplan en los valles sombríos. De hecho, se consagran a Afrodita todos los animales de naturaleza ardiente o prolífica, por ejemplo el carnero y la cabra, el conejo y la liebre, la paloma y el gorrión.

Entre los hombres, es la unión estable y legal de los sexos la que asegura la perpetuidad de la raza. Así, Afrodita es también una divinidad de la familia y del matrimonio. Ella vela por el cumplimiento de las promesas de la pareja y otorga felicidad a los esposos.

El carácter noble y sagrado del amor conyugal se refleja en la grave Urania que Fídias representó con un pie sobre una tortuga, emblema de las virtudes domésticas. Es necesario reconocer divinidades análogas en la Afrodita-Hera de Esparta, en la Afrodita-Harma de Delphos, en la Afrodita-Olympia de Esparta y de Sicione, donde sus sacerdotisas cumplían voto de castidad. La diosa, que ya en la Odisea provee un cuidado maternal a las hijas de Pandáreo, vela también sobre el nacimiento y la educación de los niños. Su naturaleza de Courotrophe es particularmente perceptible en Atenas y su papel como diosa tutelar de la familia se confirmará en la Venus Genetrix romana.


5. Afrodita diosa de la belleza, el amor y el placer

Pero este aspecto grave a menudo se ve ensombrecido por imágenes más ligeras, y no es en tanto que diosa de la familia y el matrimonio como Afrodita intervenía principalmente en la vida de los antiguos. Fuente de la belleza, ideal realizado de los encantos femeninos, es por encima de todo diosa del amor y del placer. Ya en Homero, quien la opone a la severa Atena, es femenina y amiga de la voluptuosidad. Los poetas dicen de ella que es dulce como la miel; glorifican el resplandor y el perfecto contorno de sus ojos, la sonrisa en sus labios, la pureza de su pecho y su nuca, la blancura deslumbrante de sus pies o de sus brazos, y el mejor cumplido que se podía rendir a una mujer era asemejarla a la dorada Afrodita. Ella conoce el arte de mejorar los dones naturales a través de los cuidados y el vestido, de acuerdo con los Cantos Ciprianos, donde se cuenta la victoria de Afrodita sobre las diosas rivales; Las Gracias y las Horas tejieron sus velos; los impregnaron del color y el aroma de las flores con las que también estaba hecha su corona, y la diosa exhala un dulce olor de azafrán, jacinto, violeta, rosa, narciso y lirio.

Forman parte de su cortejo las Gracias, la persuasiva Peito, Himéros y Pothos, símbolos del arrepentimiento amoroso y de deseo y, especialmente, Eros su hijo y ministro. Su cinto, que prestará a Hera, guarda un hechizo de seducción. De ella provienen los dones que atraen el corazón, a los cuales ella misma es sensible cuando los encuentra en la persona de sus amantes o de sus favoritos, como Faetón, Faón Cíniras, Butes, París, Eneas, Adonis y Anquises. Afrodita, de hecho, se unió a un mortal en la Ida abundante en fuentes, y el recuerdo de su ternura hacia Adonis se eternizó en la rosa teñida de púrpura por la sangre del héroe y en la anémona que creció de sus lágrimas divinas.

Afrodita, por lo tanto, no escapa a la ley que ella hace reinar sobre dioses y hombres, castigando cruelmente a cualquier ser que se rehúse a acatarla. Ella inclina el corazón según su irresistible voluntad decantándose a menudo por las mujeres: Helena, Medea, Pasífae, Ariadna, Fedra, Hipodamia son por lo tanto víctimas la sufrieron como una especie de fatalidad. Cruel y dulce a la vez, dispensadora de tormentos y gozos, Afrodita es un poder invencible; un poeta la hará triunfar aún sobre la muerte, evocando las enamoradas errantes del hades, en los bosquecillos de mirto.

Afrodita también presenta el carácter menos trágico de una divinidad del placer. Una interpretación posterior ha especializado en esta función la Afrodita Pandemos, desde entonces puesta en radical oposición con Urania , diosa del amor noble y puro, a pesar que esta oposición de orden moral no tiene ningún fundamento mitológico. Como diosa del placer, Afrodita estaba rodeada en Grecia y en Asia de hieródulas que se prostituían a los visitantes de los templos. Esta forma de culto parece derivar de otro uso constatado en Asia, en Chipre e incluso en Grecia, por el que las jóvenes, antes de su matrimonio, o las mujeres, una vez en la vida, debían sacrificar su pudor a Afrodita, y hacer comercio de sus encantos. El dinero ganado de esta manera enriquecía el santuario de la diosa, o servía para la creación de una dote. Pero estos últimos detalles son de fechas relativamente recientes y parece que, en origen, el uso en cuestión se centraba en las jóvenes, que no podían entregarse más que a los extranjeros. Esta práctica prematrimonial no era más que un intento de minimizar el peligro que la imaginación primitiva atribuía al comercio con vírgenes. No tenía en principio ninguna relación con la religión, pero fue englobada por el culto a la divinidad que presidía las relaciones entre sexos. Se la concebirá como una ofrenda agradable y de la que el santuario podía conseguir un provecho material. En consecuencia, se juzgara bueno repetirla, y se tenderá a la institución permanente; las jóvenes permanecerán entonces más o menos tiempo junto a la diosa; las mujeres acudirán igualmente, y pronto unas y otras serán reemplazadas por las esclavas del templo; auténticas profesionales del amor. Esto es lo que vemos en Sicilia, en el monte Eryx y en Corinto. En este último lugar, más de mil jóvenes fueron consagradas a Afrodita y enriquecieron el santuario a expensas de los extranjeros. En las grandes ocasiones, ellas invocaban a la diosa en nombre de la ciudad y durante la invasión persa, se consideró que contribuyeron a la salvación común a través de sus plegarias. Simónides compuso un epigrama en su honor, y Píndaro no desdeñó cantarlas, a propósito de un grupo de hieródulas ofrecido por un corintio victorioso en Olimpia. Por último recordar que en Atenas un vínculo especial unió las hetairas al culto de Afrodita Pandemos.

De este modo Afrodita, llamada a veces Etaira y Pornê , se convirtió en la patrona de las cortesanas; quienes la glorifican con sus encantos y las pasiones que éstos encienden; ellas son sus sacerdotisas, llegando a usurpar su nombre y sus honores. En la época en que el arte, repudiando la gravedad religiosa del pasado, no quería ir más allá de representar en Afrodita la perfección de la belleza femenina, Praxíteles y Apeles se inspiran en célebres hetairas (...).



Notas de Traducción:

1. Al descubierto.
2. Ave marina. Remite al mito de Alcíone y Ceix.
3. Nombre dado distintas especies de peces que seguían a los barcos.
4. Pelagia (del mar) es un nombre que reciben tanto Afrodita como Isis. Existe también una santa cristiana, Pelagia de Antioquia, a quien algunos autores consideran una cristianización de Afrodita.
5. En los jardines.

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