Campaña Ambiental Pagana 2014

El Drama Sagrado de Eleusis, Eduardo Schuré


Placa votiva mostrando escenas de los ritos Eleusinos, Museo Arqueológico Nacional, Atenas


SCHURÉ, Eduardo. La Grecia heroica y sagrada. Serie Santuarios de Oriente, joyas espirituales. ed.Kier, Buenos Aires, 1976.


IV. El Drama Sagrado de Eleusis.

(...)La mitología griega agita ante nuestros ojos el velo ondulante de Maya, en el que están tejidos todos los seres, monstruos, hombres y dioses. Ella nos deja presentir las fuerzas ocultas de la Naturaleza, bajo sus juegos múltiples, combates y metamorfosis.

(...) Sin embargo tras el velo multicolor de la epopeya, aparece de cuando en cuando la doctrina secreta de la Gran Madre, de su hija, la diosa de los muertos, y del Dios que sufre. Los misterios de Deméter, Perséfona y Dionisos resumían desde los tiempos antiguos, para los iniciados, la historia del Alma del mundo, del Alma humana y del Espíritu viviente que evoluciona en el universo. Había tres maneras de comprender el mito: en el sentido natural, en el humano y en el divino. La primera era para la multitud; la segunda, para los hombres educados; la tercera, para un pequeño número de elegidos.

Cada significado era verdadero en su esfera y correspondía a un grado de comprensión. La segunda explicaba la primera, y la tercera justificaba las otras dos, sintetizándolas. Así es como Deméter se podía concebir materialmente como la Tierra-Madre, que da nacimiento a todos los seres corporales; intelectualmente como la providencia que enseña la agricultura y la civilización a los hombres ; y espiritualmente, como la luz inmaterial, inteligente e inteligible, madre de las almas, que inicia a los hombres en las verdades últimas. Perséfona y Dionisos tenían, igualmente, tres significados. Los misterios se habían hecho para revelarlos sucesivamente a quienes podían comprenderlos, y para abrir el sentido de la visión intensa que ve el interior de las cosas tras su apariencia engañosa , y percibe su unidad en la multiplicidad de sus fenómenos. Pero como la mayor parte de los hombres son poco aptos para elevarse a las cosas santas, ya que en seguida se sienten inclinados a tergiversarlas y arrastrarlas por el fango, para rebajarlas a su nivel, el juramento de silencio se imponía a los antiguos iniciados bajo pena de muerte.

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