Campaña Ambiental Pagana 2014

Derechos del lector


Recientemente fuimos avisados de la reproducción en varias webs varios artículos omitiendo, no sé si intencionalmente o por descuido, citar las fuentes y autores originales. Me hubiera gustado comunicarme directamente con el responsable de dicha publicación, sin embargo no hallé una dirección de correo electrónico a la que dirigirme, para explicar que esto no me ofende tanto a mí como perjudica a sus lectores.

En los últimos años se ha hablado mucho de los derechos de autor, y se ha cometido muchas estupideces en su nombre, pretendiendo beneficiar a unos pocos en detrimento de muchos, entre los que a menudo se incluyen los mismos autores. Creo que es una buena ocasión para enfocar el tema desde otra perspectiva, y empezar a considerar los derechos del lector, que se hacen extensibles al público que recibe cualquier obra (escritos, música, video, etc.).

Cualquier autor ha sido antes lector, y de hecho sería muy raro que en algún momento dejara de serlo. Los derechos del lector nos atañen a todos, y su defensa repercute para bien en cualquier acto de creación original. La diferencia de bandos no se encuentra entre aquellos que crean/emiten un mensaje y aquellos que lo reciben; Deberíamos buscarla entre aquellos que creen necesario mantener sanas las vías de comunicación, y aquellos que, bien por ignorancia o desconsideración, bien por su propio interés y beneficio, se dedican a sabotearlas.

Los derechos del lector no son otra cosa que aquellos principios que aseguran que el mensaje emitido por el autor/es llegue de un modo íntegro a sus receptores. Por lo mismo, en algunas ocasiones los ideales derechos del lector chocan con los que comunmente conocemos como derechos de autor que suelen referirse a derechos sobre la explotación de la obra y a los intermediarios/distribuidores que se encuentran - unas veces para bien y otras para mal - a lo largo del proceso de comunicación entre un autor y su público.

Cuando dos editoriales están es disputa por los derechos de publicación de una obra, y esto provoca que dicha obra no sea publicada, en la medida que se le impide acceder a la obra, se está atentando contra los derechos del lector. Cuando en una traducción se está cambiando el sentido de una frase, o en una determinada edición, sin aviso previo, se añaden fragmentos que no existían, o se omiten partes de la obra original, cuando se está alterando o sesgando el material original, se está atentando contra los derechos del lector. Cuando al reproducir un escrito se ignora la bibliografía adjunta, o no se citan las fuentes originales, se está privando al lector de muchas de las conexiones/niveles de lectura que la obra original ofrece, atentando contra sus derechos. Todas estas situaciones, este “ruido” que dificulta la comunicación entre el autor y su público, dicho sea de paso, raramente suponen algún beneficio a los autores mientras que pueden atentar contra los derechos morales de los mismos.

Podríamos discutir acerca del papel que los distribuidores juegan en este proceso de comunicación, si son necesarios o no, si el beneficio económico que obtienen es lícito o excesivo, etc. Como lectora he seguido la pista de libros descatalogados, esperando meses, incluso años, para conseguir tener un ejemplar en mis manos, aún a un precio mucho más alto que el original. He trasladado libros, no sólo para mí, de un continente a otro en el que no serán publicados, y he tenido que dejar muchos de los ejemplares adquiridos porque, sencillamente, no cabían en un par de maletas. He comprado los mismos libros varias veces. He perseguido por varias salas de cine películas que están fuera de los circuitos comerciales, y raramente se proyectan. Lo mismo sucede con la música... A veces el precio no es lo único que nos impide el acceso a la obra, así no se trata precisamente de "quererlo todo gratis". Si dos editoriales en litigio retrasan la publicación de una obra, personalmente me parece muy válido que alguien la ponga a disposición del público en internet. Yo lo aplaudo y agradezco. Del mismo modo no siento ningún remordimiento al consultar en internet un libro por el que pagué, pero tuve que dejar en Barcelona, o una obra que no he adquirido, pero lo haré en cuanto pueda. Defiendo el derecho de cita, el canon digital me parece un abuso injustificado y lo que se está haciendo con la ley de economía sostenible una vergüenza.

Pero cuando el mismo autor pone su obra a disposición del público de manera gratuita, indicando explícitamente que ésta puede ser reproducida a condición que no se obtenga un beneficio económico de la misma, y que se respete su integridad, citando fuentes y bibliografía, no hay discusión válida, no hay nada que pueda justificar la violación de estas condiciones.

Tal vez los conceptos de autor y obra que manejamos en la actualidad nos impidan ver que toda creación es, en realidad, una pequeña parte, un fragmento de un proceso de comunicación y creación mayor. La obra es un núcleo lleno de conexiones, algo así como una pieza de un juego de construcción tipo Lego. Si mutilamos una pieza quitándole la posibilidad de conectarse con otras, nos quedamos sin juego. Es lo que sucede cuando se omiten la bibliografía o las fuentes originales de un escrito, se eliminan sus puntos de conexión, y con ellos, varios de los múltiples niveles de lectura.

Por eso, cuando una buena edición incluye una mayor cantidad de referencias e información complementaria, algunos damos saltos de alegría y la preferimos a cualquier otra, aunque sea más cara: nos están dando conexiones adicionales a las que la obra traía de por sí, nos están abriendo caminos que no sabíamos que estaban allí. Nuestro juego de piezas verdes puede conectar ahora con el de piezas amarillas, el numero de piezas es el mismo, pero ahora podemos hacer mucho más con ellas.

No se trata tanto de conceder crédito al autor/es, como de preservar el derecho del lector, de dar un contexto a la obra, hallar información adicional al respecto, relacionarla con otras, localizar textos similares que puedan ser de su interés... Incluso si la obra no ha gustado nada al lector, si está en completo desacuerdo, estos datos servirán para corregirla, criticarla con fundamento, o simplemente ahorrar tiempo al poder descartar las obras que procedan del mismo autor. Por no decir que, sin ciertas referencias adicionales, es imposible incluir las obras en otros trabajos. No se trata de que la obra en sí no sea importante, sino de todo lo que puede llegar a decirnos, y la mutilación silencia, de todos los lugares a los que podría conducirnos, y cómo estos caminos son cortados abruptamente.

Creo que es un error pensar que el autor es un ser independiente que crea sus obras del vacío, sin deber nada a nadie, dado que cualquier autor ha sido antes receptor que emisor, y, de hecho, si no existiera un público, un receptor, el mismo hecho de emitir carecería de sentido. Otro error es otorgar por defecto al público un rol pasivo, como si se tratara de un recipiente vacío que llenar. Cuando la obra llega al cada persona, va a mezclarse con lo que ésta ya tiene en su interior, provocando diferentes reacciones y, en la mayoría de casos, volviendo al mundo transformada, ya sea en forma de otra obra, ya sea apareciendo en medio de una conversación informal... Todos recibimos, y todos emitimos, con mayor o menor intensidad y alcance, cada cuál a su manera y a través de los medios con los que se lleve mejor: El enemigo es el sabotaje de las vías de comunicación.

Vaelia Bjalfi
Originalmente publicado en Perro Aullador

1 comentario:

Laura dijo...

Absolutamente de acuerdo. Muy buen post.

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